ANÁLISIS

Qué guapas son las familias de los directivos

Siempre me han llamado la atención las fotografías que tienen los directivos de sus familias en sus despachos. Por lo general, suelen reflejar instantáneas felices, donde aparecen mujeres vistosas y niños de anuncio. Los ejecutivos tienen familias aparentemente guapas, la pena es que las vean tan poco.

La media de horas confesables que trabaja un ejecutivo ronda las 12 diarias, sin contar las cenas y los viajes de trabajo, muchos de ellos transoceánicos. No sé si son muchas o pocas horas para un puesto de tanta responsabilidad, pero me temo que se aleja de la fórmula ideal que propugnan los expertos de ocho horas al día para descansar, otras tantas para trabajar y otras tantas para destinar a la vida personal. Sería lo idóneo. A más de un directivo le incomoda que le pregunten ese dato y algunos responden simplemente que muchas. A lo mejor se avergüenzan de ello. Si se les insiste para que desmenucen su jornada laboral alegan, en su defensa, que su familia entiende perfectamente sus obligaciones laborales, y que, es más, se sienten felices porque cuando concilian lo hacen bien.

Dicen que lo importante más que la cantidad es la calidad. Y lo primero no está reñido con lo segundo, y viceversa. Es como cuando te gusta un plato que te eternizas comiéndolo, y no quieres que se acabe nunca.

Esta semana fui a aplaudir, a las cuatro de la tarde, a mi sobrina Alicia, que intervenía en la típica representación teatral navideña del colegio. Eran 25 niños, todos ataviados con el papel que tenían asignado. Estaban felices. Habían ensayado con ilusión para ese gran momento y desde el escenario buscaban la mirada cómplice de sus familias, de los suyos, de aquellos de los que esperaban el aplauso más generoso. Lo que me sorprendió fue la ausencia de papás en las butacas del pequeño teatro. Sólo mamás. La mayoría de los allí presentes éramos mujeres. Tan sólo había cinco hombres en la sala. Triste. ¿Dónde estaban los padres de estos niños?, ¿trabajando?, ¿en una comida de negocios?, ¿en un atasco?

Creo que momentos como éstos son de gran calidad, más que de cantidad. Apenas una hora más tarde, todos estábamos rumbo a nuestras ocupaciones habituales. Y todos tan felices. A nadie le debería sorprender, hoy día, que un ejecutivo o profesional dijera en su trabajo que se marcha a ver la función del colegio de su hijo. Sería para aplaudirle.