ANÁLISIS

Llega la rebelión de los horarios

Me contaba el otro día Belén, mi esteticista, que se las estaba viendo y deseando para encontrar a profesionales del ramo de la estética con el fin de incorporarlos a su salón de belleza. Estaba desesperada. Y no es para menos. Lleva meses entrevistando a posibles candidatos y candidatas, pero nadie quiere tener un horario partido, ni atender asuntos que no corresponden con su especialidad, como por ejemplo recoger una llamada de teléfono. Jamás se pudo imaginar, que al abrir su propio establecimiento le iba a resultar tan complicado resolver la parte denominada soft, la del personal. No le fue difícil encontrar financiación ni poner en marcha su estructura de negocio, en cambio le está resultando una tortura encontrar profesionales de altura. Por desgracia, no es la única. Otros sectores, y da igual el tamaño de la organización, aunque en una pequeña empresa se nota más, también padecen el mismo problema. Cuando hablo con algún directores de recursos humanos siempre cuentan lo complicado que les está resultando encontrar talento, y sobre todo retenerlo.

Las reglas del trabajo han cambiado. Las nuevas generaciones que se incorporan al mundo laboral se están rebelando contra los maratonianos horarios, ya no interesa echar horas, y con razón, ni trabajar lo viernes por la tarde, ni asumir tareas que no estaban contempladas en sus previsiones. Por ello, cada vez son más comprensible iniciativas como la tomada por Iberdrola esta semana, que ha decidido implantar la jornada de trabajo continuada, de 7,30 a 15,30 horas, para los 9.000 empleados de la compañía. El próximo lunes este colectivo estrenará horario, así como un nuevo sistema retributivo vinculado a la productividad. Ya me gustaría a mí que el director de este periódico propusiera algún día una medida de este tipo. Pero mucho me temo que tendremos que estar abiertos como el centro de estética.