EDITORIAL

Máximos con incertidumbre

En medio de las turbulencias financieras y de las dudas sobre la evolución de la economía mundial, el Ibex 35 marcó el viernes un nuevo máximo con el 15.603,9. El futuro a corto plazo parece -con las lógicas cautelas de un mercado tan volátil- asegurado. El parqué madrileño ya empieza a pensar en el 17.000, lo que arroja un potencial de crecimiento del 9%. Ciertamente, las alternativas como la renta fija o el ladrillo parecen en estos momentos menos atractivas.

Los analistas justifican este optimismo por los fundamentales de las principales empresas del índice selectivo. Los sectores más afectados por la crisis hipotecaria de EE UU, la banca y las constructoras, son tras el castigo sufrido desde verano dos de los que más potencial tienen en las quinielas de los expertos. Las caídas bursátiles de los bancos, especialmente los medianos, no se justifican a tenor de los resultados del tercer trimestre. Los cinco grandes ganaron 15.350 millones hasta septiembre, un 19% más. La cotización de los bancos españoles ha sido arrastrada por la desconfianza generaliza contra el sector a nivel mundial. Sin embargo, mientras que entidades estadounidenses y europeas han reducido drásticamente beneficios o, incluso, han dado pérdidas en el tercer trimestre (UBS o Merrill Lynch), los españoles estaban vacunados contra la crisis de las subprime. Aunque no en la Bolsa, por lo que se espera un mejor comportamiento.

Pero se navega por aguas turbulentas y muchas, y algunas serias, son las incertidumbres a las que se enfrentan los inversores. El petróleo está en máximos con un Brent que ronda los 90 euros sin que se vislumbre un cambio de tendencia a corto plazo. El euro, en máximos frente al dólar -cerca de 1,44-, sirve para aliviar la factura energética, pero causa un duro percance a las empresas más exportadoras. El oro también está en máximos. Un póquer de récords cuando ya está admitido que la economía mundial -y también la española- va a crecer a menor ritmo el próximo año, y eso puede recortar los beneficios empresariales.

Ante tal panorama, los mercados miran hacia los bancos centrales, en especial la Reserva Federal de EE UU, que se reúne el próximo miércoles, y al BCE, que lo hace el 8 de noviembre. No hay consenso, pero las quinielas no descartan una nueva bajada de tipos en EE UU, lo que sería una inyección para los inversores y los mercados, pero una alarma sobre la economía.

La gran incógnita se mantiene en la escasez de liquidez y, pese a las muestras de mejora, no se ha restablecido la confianza, por lo que continúan los problemas para obtener fondos en el interbancario. El temor estriba en cuánto durará este clima. De alargarse, tendrá, según todos los expertos, un efecto sobre la economía real mayor de lo esperado.

A todo ello se suman las incógnitas sobre la potente economía China, que ya es uno de los pilares del crecimiento mundial. Su baja inflación ha contenido la de los países que adquieren masivamente sus productos baratos. Pero la previsión de que puede duplicar su índice de precios este año y, por tanto, empezar a exportar inflación a sus países-cliente es otra incertidumbre para las economías que complicará más el trabajo de las autoridades monetarias.