A fondo

Barclays y la jaula de grillos de España

Parece incompatible para una entidad financiera combinar un protagonismo estelar en la banca mundial con un periodo de turbulencias en su principal filial en el extranjero, pero esto es exactamente lo que le ha ocurrido a Barclays Bank.

A lo largo de los últimos siete meses, el tercer mayor banco del Reino Unido -con una capitalización bursátil de 62.400 millones de euros- ha cobrado una gran relevancia en el mundo financiero al embarcarse en la mayor operación de la historia de la banca: la fusión con el holandés ABN Amro. Este proyecto, ahora en vilo por la contraoferta realizada por Santander, Royal Bank of Scotland y Fortis, suponía un gran paso para la creación del primer gigante bancario paneuropeo.

Mientras los despachos de Londres, Nueva York y Ámsterdam atendían a esta colosal transacción, la filial en Madrid -que es la división fuera del Reino Unido que más aporta al grupo- se ha convertido en una auténtica jaula de grillos. En a penas medio año, Barclays Bank ha tenido dos consejeros delegados, además de sufrir la fuga de una decena de directivos.

El último episodio ha tenido lugar el martes pasado, cuando se hizo público el abandono del cargo de Rui Manuel Semedo, consejero delegado de Barclays en España y responsable de la división de banca minorista y comercial. El banquero portugués había accedido al puesto hacía tan sólo cuatro meses, en sustitución de Jacobo González-Robatto, quien dimitió a su vez el 7 de marzo.

Una portavoz de la entidad en Londres resaltaba ayer que ambos ceses se han debido estrictamente a motivos personales. La filial española continúa siendo 'el buque insignia de las operaciones en Europa Occidental, pues contribuye notablemente al buen comportamiento del grupo', explica Laura Vergani, portavoz del banco.

Ciertamente, las cifras de la filial española y el compromiso inversor de la matriz son evidentes: en el primer semestre de 2007 se han abierto 30 nuevas oficinas y el beneficio antes de impuestos ha crecido un 28%. Un comportamiento 'equiparable al de un país emergente', en palabras de John Varley, consejero delegado del grupo.

Sin embargo, la buena marcha del negocio hace aún más excepcional la salida de dos altos ejecutivos de la filial en tan breve lapso de tiempo, e invita a buscar otras claves.

Una de ellas es el fichaje de Frits Seegers, procedente de Citibank, como máximo responsable de banca comercial del grupo. Desde su llegada han desembarcado cerca de 200 banqueros de Citi a la entidad, según una fuente conocedora de la situación.

Precisamente el ascenso de uno de los discípulos de Seegers, Leo Salom -que procede de Citibank en Miami-, fue el detonante de la salida de González-Robatto del banco, según diversas fuentes consultadas. El ejecutivo estadounidense fue aupado al cargo de nueva creación de banca minorista de Europa continental, lo que restó competencias al banquero español que también era responsable de las filiales de negocio minorista en Italia y Portugal.

'Los chicos de Citibank entraron en España como un elefante en una cacharrería y cortaron de raíz con la política de Barclays de ser un banco de personas para volver a la política antigua de un banco de campañas', comenta otra fuente, en referencia a la fuerte iniciativa comercial para captar depósitos con el gancho de una rentabilidad del 10% en el primer mes.

La renuncia de Robatto provocó la fuga de una decena de altos cargos de Barclays y otros tantos ya han contactado con empresas de cazatalentos para cambiar de entidad. Una de las principales críticas internas a la gestión de Seegers y su equipo son los inalcanzables objetivos de producción que establecen desde Londres.

La versión oficial de todas estas salidas es la condición de banco global de Barclays, que le hace contar con una plantilla de 127.000 personas y tener un alto nivel de rotaciones. Aún así, el baile de primeros ejecutivos en una de las 'joyas de la corona' del grupo revela importantes tensiones en el seno del gigante británico.