COLUMNA

Las decisiones de Trichet y Bernanke

El BCE suele llevar la concepción de su independencia hasta rechazar cualquier debate o toma de posición sobre la política monetaria, según el autor. En su opinión, esto es un error y el banco emisor tiene otros objetivos además de la estabilidad de los precios, como contribuir al crecimiento y el empleo.

Habría sido realmente sorprendente que el BCE hubiese subido los tipos de interés. No se podía excluir que una institución tan preocupada por preservar su independencia mantuviese su actitud de antes del verano. Pero la tormenta financiera desatada por la crisis de las subprime ha cambiado totalmente el escenario y todas las opiniones, incluida la del Bundesbank alemán coincidían en que una subida del tipo de interés era totalmente contraproducente y contradictoria con el aumento de liquidez generado por el BCE durante agosto.

La decisión del BCE habrá significado un alivio para muchas familias que han visto crecer la carga de sus hipotecas a medida que los bancos centrales endurecían su política monetaria.

Queda ahora esperar lo que decida Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de EE UU (Fed), el próximo día 18, pero no sería sorprendente que decidiera una bajada de los tipos que los mercados empiezan a anticipar. Mientras, todas las autoridades se esfuerzan, como es natural, en lanzar mensajes de confianza, relativizando una crisis que se quiere creer pasajera, como hicieron la Comisión y el Consejo en el debate en el Parlamento Europeo.

Pero el foco del incendio no esta apagado en EE UU y los fallidos sobre las hipotecas subprime continúan aumentando. La venta forzosa de centenares de miles de viviendas deprime aún más el mercado inmobiliario americano que tiene un stock de cuatro millones de inmuebles disponibles, el doble que en 2004.

Pero las decisiones del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, y de Bernanke, y el contexto en el que se toman, reflejan las distintas concepciones de la política monetaria en ambos lados del Atlántico.

En EE UU las cosas están más claras que en la zona euro. Tanto Bernanke como George Bush dejaron clara su intención de hacer frente a la crisis hipotecaria evitando que afecte al crecimiento y la Fed ya dio un gran respiro a los mercados en agosto.

En realidad la crisis bursátil ha sido más bien limitada, con una caída mensual inferior al 3%, nada comparable a las consecuencias de las crisis monetarias de los ochenta o noventa, con caídas bruscas del orden del 20%. Pero la insolvencia de muchas familias en EE UU es una realidad social a no ignorar, como tampoco se deben menospreciar las dificultades de muchos compradores de viviendas en Europa, y especialmente en España.

El problema, como siempre, es ayudar a las víctimas del problema, es decir las familias cogidas en la trampa de créditos hipotecarios contraídos bajo la creencia de un crecimiento ilimitado del mercado inmobiliario, o los pequeños ahorradores mal orientados hacia riesgos subevaluados por los que obtienen jugosas comisiones, sin sacar las castañas del fuego a los especuladores y a los agentes financieros irresponsables.

Bernanke ha dejado claro que la Fed no está para proteger a los inversores y prestamistas de las consecuencias negativas de sus decisiones equivocadas, pero también que hará todo lo necesario para evitar sus efectos sobre el conjunto de la economía. No es fácil conseguir lo uno sin pagar el precio de lo otro, pero al menos tanto el Gobierno federal como la autoridad monetaria han dejado clara su decisión de intervenir y es seguro que lo harán de forma coordinada y sin tirarse los trastos a la cabeza a través de los medios de comunicación. Es una de las ventajas del sistema de americano, donde la Fed tiene que preocuparse también del crecimiento y cuya independencia no le impide mantener una relación de cooperación con la autoridad fiscal y presupuestaria.

En Europa, Trichet se fue de vacaciones con un anuncio velado de aumento de tipos en septiembre y hasta finales de agosto el BCE tuvo una actitud de mantenerla y no enmendalla, a pesar de tener que inundar de liquidez los mercados.

Y los tira y afloja entre BCE y Gobiernos europeos son frecuentes. Hace unos meses asistimos a una polémica entre Trichet y el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, sobre el papel de uno y otro en la política de cambio que fue saldada por Trichet con un imperial 'Mr. euro soy yo', y la negativa a establecer consultas con él.

En Francia las posiciones son especialmente críticas con la actitud del BCE. Ya a mediados de julio el secretario de Estado francés de Asuntos Europeos decía que era posible influir sobre las decisiones del BCE en el marco de las discusiones del Eurogrupo, lo que le valió una airada respuesta de Trichet blandiendo el artículo 108 del Tratado de Maastricht.

Otros países han sido más cautos en sus manifestaciones públicas para no herir la sensibilidad del BCE con respecto a su independencia, pero la creencia general era que una subida de tipos de interés, con la inflación estable en el 1,8 %, por debajo del objetivo fijado por el propio BCE y con el crecimiento flaqueando, no se justificaría por razones económicas.

Pero el BCE suele llevar la concepción de su independencia hasta rechazar cualquier debate o toma de posición sobre la política monetaria. Y ahí se equivoca. Ademas del artículo 108 de Tratado de Maastricht, está el 105, que define la estabilidad de precios como el 'objetivo principal' del BCE. Y si hay un objetivo 'principal' es porque necesariamente hay un objetivo secundario. Y este es, según el mismo artículo, contribuir a los objetivos generales de la UE entre los que están el crecimiento y el empleo.

No es pues exacto argumentar que el BCE tiene un solo objetivo. Tiene dos, aunque estén claramente jerarquizados. Y para conseguirlos es necesario el dialogo y el debate sobre la política monetaria y sus consecuencias.

Y hay mucho que debatir sobre ello. En particular sobre la consideración del precio de los activos, y no solo de los bienes corrientes, en la vigilancia inflacionista y en la prevención de las crisis. De lo contrario el capitalismo irá de burbuja en burbuja ligando la expansión del crédito al alza del precio de activos objeto de especulación.

José Borrell Fontelles. Eurodiputado, ex presidente del Parlamento Europeo