EDITORIAL

Las operaciones son para el verano

Se acabó el echar el cierre en verano. Incluso el tradicional y tan español parón de agosto está en entredicho. Durante los dos meses que van de verano los movimientos corporativos, contra lo que pudiera parecer y dictaba hasta hace poco la costumbre, se han acelerado. Y no se trata de un pequeño repunte. Durante julio y agosto se han sellado en España ni más ni menos que 146 transacciones empresariales de compraventa de empresas por un valor superior a los 10.000 millones de euros.

Estas cifras elevan el número de operaciones en lo que va de año a 667, una cantidad sensiblemente superior a la del año pasado. Esto es un reflejo, en primer lugar, de la pujanza de las empresas españolas. Sin embargo, la tendencia debe enfrentarse ahora al nuevo escenario provocado por la tormenta financiera y el estrangulamiento del crédito derivados de la crisis de las hipotecas de alto riesgo de EE UU.

Los expertos prevén, no obstante, que se mantendrá el ritmo de compraventas en los próximos meses. Es probable que en esta lectura haga falta alguna dosis de realismo. Y en este sentido apuntan, aparentemente con tino, que las grandes operaciones sí se pueden ver perjudicadas por la crisis, ya que suelen requerir un elevado nivel de endeudamiento. Pero, por las mismas razones, también son previsibles ajustes en las valoraciones que faciliten los acuerdos. En este escenario, las empresas industriales habrán de jugar su baza gracias a la caja de que disponen para hacer compras.

Hay en esta gran actividad veraniega una razón más a tener en cuenta. Se trata del velo adicional de confidencialidad que envuelve a las operaciones por la menor actividad. Algo que los gestores, estén en la parte compradora o en la vendedora, no deberían ignorar antes de su próximo veraneo.