COLUMNA

De vacaciones y dineros

La economía española no depende sólo de la vivienda, según el autor. Ni siquiera la construcción. En su opinión, la inversión en obra civil aumentará con fuerza en 2008 porque es año electoral, hay superávit presupuestario para compensar la caída del mercado y porque resulta imprescindible mejorar las infraestructuras

Nos vamos de vacaciones con el corazón en un puño, sin saber si vamos para arriba o para abajo. ¿Cómo estamos de dineros? Si oímos a la gente, que se queja de que la subida de tipos le ha esquilmado el bolsillo, podemos temer que mal. Menos dinero tienen, menos gastarán. Si, al contrario, analizamos las cifras oficiales, nos encontramos con una economía que crece casi al 4% (exactamente el 4% en el segundo trimestre, según el Banco de España) y con unas previsiones para el próximo ejercicio del 3,3%.

Miramos ahora a la vivienda y nos ponemos a temblar. ¿Qué está pasando? Todos sabíamos del exceso de precios en el mercado inmobiliario, pero ahora que se contienen nos acosa el vértigo al vacío. ¿Y si de verdad explota el boom? Nos consolamos pensando que el impulso demográfico mantiene una demanda no satisfecha, por lo que todo será cuestión de acercar los precios de oferta a lo que la gente realmente puede pagar. Si así fuera, no tendríamos por qué preocuparnos en exceso. La construcción de nuevas viviendas caería durante dos o tres años, así como sus precios, para equilibrarse a medio plazo. Si así ocurriera, no le dolería la cabeza a demasiada gente, sino tan sólo a los promotores que compraron los últimos suelos a precios desorbitados. Pero quién sabe. Lo que sí sabemos es que la vivienda de protección oficial -que presenta cifras raquíticas- tenderá a crecer con fuerza, lo que paliará en algo la caída de la construcción. ¿Y los alquileres? Pues mal, como siempre. Particulares y empresas le tomaron respeto a un negocio donde sus derechos no quedan garantizados por ley, por lo que han decidido dedicar sus dineros a otros fines.

Si aplicáramos la doctrina keynesiana al mercado de la vivienda, ya sabemos dónde puede invertir el Gobierno. En la vivienda social y en apoyo a la vivienda de alquiler. La sociedad precisa ambas políticas, y el momento no puede ser más oportuno. Cada subida de tipos -y ya van muchas concatenadas- desmoraliza al personal. Ya son muchos los que piensan que ahora hay que ser muy prudentes y esperar a ver qué pasa con la economía. Ese exceso de prudencia ralentiza los mercados, y fuerza los precios a la baja. ¿Hasta cuándo? Pues ya veremos, aunque debemos confiar en que la caída no será demasiado intensa ni prolongada.

Pero nuestra economía, afortunadamente, no depende en exclusiva de la vivienda. Ni siquiera la construcción. La inversión en obra civil se incrementará con fuerza para 2008 por tres motivos básicos. Primero, y menos importante, es año electoral, y las urnas siempre suelen venir precedidas por las hormigoneras. Segundo, teniendo superávit presupuestario, es lógico que se compense con inversiones la caída del mercado. Y, tercero, porque es absolutamente imprescindible. Y si no, basta leer los periódicos de este inicio de agosto. ¿Qué vemos? Apagones -es preciso inversión en la infraestructura eléctrica-, grandes retenciones y atascos de tráfico -tendremos que mejorar la red vial- y pavorosos incendios forestales que nos exigen mayor esfuerzo en dotación, equipamientos y personal.

Es preciso invertir, tenemos dinero para hacerlo, y el momento es oportuno. Verde y con asas, qué le vamos a hacer. Y esta inversión no se quedará en infraestructuras. El asunto energético y del agua son prioridades que acucian. Se invertirá en combustibles renovables -plantas de bioetanol y demás-, así como en huertos solares y parques eólicos. Todo ello mueve dineros, empleos y precisa de investigación y tecnología.

Los cuadros macroeconómicos, que nos castigan con un déficit comercial aplastante, nos regalan sin embargo un dato esperanzador. La inversión en bienes de equipo está creciendo, lo que significa que las empresas se automatizan y mejoran en su productividad y, por tanto, en su competitividad.

Esta mejora, unida a la creciente internacionalización de nuestras empresas, nos permite acceder a mayores mercados y compensar la debilidad, en su caso, del propio. Nos apoya una inflación contenida, y nos perjudica un euro por los cielos.

Nos iremos pues de vacaciones con la mosca detrás de la oreja, temiendo una pequeña recesión, pero sabiendo que no se producirá. Que la piel no siempre funciona en la lógica del cerebro. Nuestra enferma economía, goza de buena salud.