Invesitgación

Un centro para moléculas que apuntan maneras

'Son los compuestos que apuntan maneras'. Así define Fernando Peláez, director del centro, las moléculas que examinan en el Centro de Investigación Básica Española (CIBE), de Merck Sharp & Dohme. En lenguaje técnico se llaman leads y son compuestos candidatos a ser fármacos. Son el futuro de la farmacéutica. El CIBE realiza las pruebas de seguridad de estos futuros medicamentos para todos los laboratorios de la empresa del mundo.

La investigación del CIBE permite predecir los posibles efectos secundarios de los medicamentos antes de probarlos en animales o seres humanos y permite reconducir la investigación hacia aquellos más seguros. 'Aunque nada es definitivo. Si una molécula tiene un efecto perverso, puede no verse en los ensayos o salir a largo plazo, cuando ya has acumulado muchos pacientes, porque sólo se produce una vez de cada millón', explica el director del centro.

Reciben mensualmente más de 3.500 moléculas, unas 875 a la semana. Se realiza una media de cinco ensayos en cada uno. 'Hay que tener en cuenta que sólo uno de cada 50.000 compuestos ensayados consigue ser un fármaco aprobado', afirma.

El centro se creó hace más de 50 años y es uno de los seis laboratorios de investigación con los que cuenta la compañía en todo el mundo. Han registrado 100 patentes desde 1955, sobre todo de antibióticos y antifúngicos, la otra pata de investigación del centro y que fue el origen del CIBE.

El laboratorio cuenta con 1.700 m2, renovados hace dos años con equipos de vanguardia. 'Los robots y las salas permiten realizar los procesos igual en cualquier parte del mundo', detalla.

En el CIBE se analizan microorganismos procedentes de la naturaleza, como de la tierra, las plantas o los árboles. Recogen muestras, las cultivan y observan si tienen alguna actividad terapéutica, 'descartando primero redescubrir algo que ya existe', explica el responsable. Curiosamente, en un laboratorio que huele raro como en los hospitales, la zona de las bacterias huele distinto. Son las responsables del olor a tierra mojada.

En las secciones, trabajan cerca de 70 personas. Cuentan con un presupuesto anual de 10 millones para investigación básica 'pero no es lo único que recibimos. Es una pequeña pieza en una gran maquinaria que gasta mucho dinero', explica Peláez, unos 800 millones por fármaco en el mercado.