Lealtad, 1

Blackstone y los nuevos ricos

Cada etapa de euforia tiene sus propios iconos, modas y personajes emblemáticos. Los 80 fueron los años de los bonos basura, Michael Milken y el tiburón financiero reflejado en películas como Wall Street, mientras en los 90 se viró hacia las empresas tecnológicas, las oficinas informales y los jóvenes informáticos.

Esta década parece ser la del capital riesgo y los hedge funds. La de financieros como Stephen Schwarzman, fundador de Blackstone. Es una etapa en la que la riqueza se amasa con ingeniosas formas de sacar partido a la financiación barata. Un libro recientemente publicado que se titula Richistán trata de desvelar el carácter de estos nuevos ricos cuyas características son, según el autor, una enfermiza ambición de riqueza y un origen social de clase media. Algo que, en cierto modo, cumple Schwarzman, cuya última fiesta de cumpleaños fue un quién es quién neoyorquino con 1.500 invitados y Rod Stwart en directo. Y aunque en ocasiones se alude a su origen humilde, fue compañero de habitación de George W. Bush.

La OPV de Blackstone tiene papeletas para ir como un tiro. Es la empresa adecuada en el momento adecuado. Pero, quizá, convenga mirar con algo más de perspectiva el auge de Schwarzman y los suyos, porque en cada operación exitosa y cada máximo bursátil germina la larva del próximo escándalo financiero.

Estas compañías que, sólo con su acceso a financiación, tienen una capacidad de compra sin límites, están llevando arriba la Bolsa, amén de financiar cumpleaños millonarios. Pero también está dejando el tejido empresarial -Altadis, Iberia- en manos de entidades opacas que basan su fuerza en apurar los ratios de endeudamiento de las propias compañías que adquieren. Quizá en unos años, con dinero más caro y menos crecimiento, las bondades del capital riesgo pierdan el deslumbrante brillo de estos días de vino y rosas.