Lealtad, 1

Víctimas inmobiliarias

Se ha comentado, por activa y por pasiva, que el desplome en Bolsa de las compañías inmobiliarias españolas obedece exclusivamente a un problema de valoración. Es decir, que los valores habían alcanzado unos precios de cotización desmesurados en muchos casos, que no se correspondían con lo que de verdad valen las compañías o lo que podrían llegar a valer según la evolución de sus negocios.

Así pues, el pinchazo no es de momento reflejo de una crisis en el mercado inmobiliario, al que no obstante conviene seguir de cerca, porque las señales de ralentización son cada vez más palpables.

Y aunque la caída bursátil del sector no tiene correspondencia en lo que se conoce como la economía real, sí ha comenzado a tener consecuencias sobre la actividad de las compañías inmobiliarias.

El caso más sangrante es el de Astroc, que ha acometido una remodelación profunda de su estructura de capital después de sufrir un desplome bursátil del 84% desde máximos. La compañía de Enrique Bañuelos ha reasignado su consejo, integrará los activos de dos de sus filiales y estudia cambiar de nombre para dejar atrás uno de los episodios más negros de la historia de la Bolsa española.

Astroc no es la única víctima del derrumbe inmobiliario. Reyal Urbis, que ayer comenzó a cotizar, ha tenido que suspender una ampliación de capital, a todas luces arriesgada en un momento en que el sector no está precisamente de moda entre los inversores.

Colonial va a tener que pagar más de lo previsto por refinanciar su deuda, porque los bancos que financian a la compañía no encuentran inversores interesados en suscribir los derechos de cobro a los tipos actuales. El mercado percibe más riesgo y, por lo tanto, exige más a cambio.

Bien mirado, el desplome inmobiliario sí está teniendo consecuencias sobre la economía real, al menos sobre la actividad real de las empresas, que ahora valen menos, se les pide más y tienen, por tanto, menos músculo para realizar operaciones de calado.