'Telecos'

La CMT considera negativo para la inversión segregar la red fija de Telefónica

La propuesta de BT de emular en España el modelo británico de segregación de la red de telefonía fija del operador dominante tiene pocas posibilidades de prosperar. El presidente de la CMT se ha manifestado contrario a ese modelo, mientras que un documento oficial del regulador alerta del peligro que puede suponer para la inversión.

BT puso sobre la mesa la semana pasada un debate que en España había pasado desapercibido hasta ahora: la segregación de la red del operador dominante para alentar la competencia. Es el modelo que se ha implantado en Reino Unido y BT ha anunciado que pedirá al regulador que se traslade a territorio nacional. Lo hará con la experiencia de ser el único ex monopolio de Europa que tiene su red segregada y con el respaldo de la Comisión Europea, que alienta este modelo de competencia.

La iniciativa de la operadora británica, sin embargo, tiene bastantes posibilidades de caer en el olvido, sobre todo para la red de nueva generación que proyecta Telefónica.

El encargado de rebajar las expectativas de BT ha sido el propio presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), Reinaldo Rodríguez. El ejecutivo advirtió que hablaba a título particular, pero en un foro público y ante un auditorio plagado de representantes del sector admitió que es contrario a ese modelo. Rodríguez no cuestionó las bondades de la segregación funcional de la red de cobre, la actual infraestructura con la que Telefónica da servicio a todos sus clientes, pero sí las de su red de nueva generación. Su argumento es que en estas infraestructuras las tecnologías no pueden separarse del servicio.

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Las palabras del presidente del organismo encargado de decidir qué opción regulatoria se elige para la nueva red de Telefónica no dejan de tener su importancia, a pesar de haber sido pronunciadas a 'título particular', pero es que los servicios técnicos de la CMT han ido mucho más allá. El documento oficial que sirve de base a la consulta pública planteada al sector para que hagan sus comentarios sobre la regulación de las nuevas redes revela en parte la postura inicial de la comisión y deja claro que la segregación podría poner en peligro inversiones e innovación.

Por supuesto, las decisiones de la CMT las toma el consejo, no los servicios técnicos ni ningún miembro del regulador de forma independiente. Es el organismo colegiado el que tiene la última palabra y puede que BT lo convenza. Pero el punto de partida no alienta esta posibilidad. Para empezar, el documento de la CMT advierte que la separación funcional de la red de Telefónica exigiría una regulación de gran 'calado', que 'implicaría cambios drásticos que no podrían luego ser revertidos fácilmente'.

Pero la posición más rotunda se expresa cuando el regulador propone reflexionar sobre 'el impacto que tendría una acción tan profunda sobre los incentivos del operador tradicional -e incluso de otros operadores- a invertir en nuevas tecnologías y a desplegar redes de acceso'. Y su conclusión es que, en un momento 'en el que dichas inversiones habrán de ser más cuantiosas', se podría conseguir 'el efecto contrario al perseguido'. Es decir, la segregación en una filial independiente de la red de nueva generación de Telefónica podría producir 'una menor competencia en infraestructuras de acceso y, por tanto, en estos mercados, y una ralentización del despliegue de nuevas tecnologías como la fibra óptica y, en definitiva, de futuros servicios innovadores'.

A pesar de este posicionamiento, la consulta plantea como una de las preguntas que se hacen al sector la opinión de las operadoras sobre la separación funcional de la red de Telefónica. Por ahora, sólo BT ha avanzado que pedirá que se implante este modelo.

La segregación de la infraestructura de telefonía fija de los ex monopolios es un debate que está sobre la mesa en toda Europa, pero hasta el momento sólo Reino Unido lo ha llevado a cabo. Irlanda y Suecia lo están estudiando, al igual que Italia, aunque en este caso se ha interpretado más como una fórmula del Gobierno de Romano Prodi de garantizar que la red de Telecom Italia no caiga en manos de accionistas extranjeros. Fuera del viejo continente, también Nueva Zelanda estudia las bondades del modelo británico.

En el lado contrario están países como Alemania o Francia, que se oponen radicalmente a la segregación.

Megas por centenares

Las redes de nueva generación están llamadas a sustituir las actuales terminaciones de cobre por accesos a los hogares a través de fibra. Permitirán velocidades de navegación en internet superiores a los 100 megas, televisión de alta definición...

Una medida controvertida para elevar la competencia

La segregación funcional de la red de telefonía fija de un ex monopolio supone separar la infraestructura del área comercial, de forma que la nueva filial que tiene los activos fijos se relacione con la operadora dominante en igualdad de condiciones con respecto a los rivales. Es decir, la unidad de red alquila sus infraestructuras con las mismas reglas para todos.

Los ex monopolios son contrarios a este modelo salvo el único que lo ha llevado a cabo, BT. Claro que el operador británico no lo hizo voluntariamente, sino forzado por su regulador. En cualquier caso, BT asegura ahora que es la iniciativa que fomenta la competencia y, a la vez, permite al ex monopolio recuperar las inversiones gracias a los pagos que hacen los rivales para alquilar la red y que lo mismo sucede con las infraestructuras de nueva generación. Pero hay muchos detractores que desconfían de este resultado.