COLUMNA

¡Imposible la habéis dejado!

Un auténtico campeón nacional como Endesa puede convertirse en una empresa paralítica, según el autor, que analiza la batalla de las opas sobre la compañía. En su opinión, este caso ha añadido la CNMV a la larga lista de entes supuestamente autónomos pero realmente desprestigiados

æpermil;rase una vez una gran compañía eléctrica llamada Endesa a la cual otra bastante más pequeña, Gas Natural, intentó comprar a un precio de ganga en opinión de los propietarios y los administradores de aquella.

Pero el Gobierno y el partido que le apoyaban estaban inmersos en la tramitación de un nuevo estatuto para Cataluña -autonomía en la cual la compradora tenía su sede- e hicieron lo posible -y lo imposible- para que la compra se realizase. Los administradores de Endesa, como suele ser frecuente en estos casos, buscaron un Tirant Lo Blanc que resultó ser un poderoso teutón colmado de euros y dispuesto a poner sobre la mesa una propuesta de compra más sustanciosa que la de la empresa catalana -que había sido informada en contra por el organismo regulador de la competencia-.

Ello enfureció al Gobierno, que consideró una descortesía no haberle pedido permiso para perturbar la delicada operación de lubrificar la aprobación del nuevo estatuto -lograda después ante la indiferencia de la mayoría de los catalanes- y empujar hacia la presidencia del Gobierno autónomo a su ex ministro de Industria -uno de los padrinos de la frustrada compra-. Desde entonces, e ignorando las repetidas advertencias de la Comisión Europea que consideró que, tanto las facultades otorgadas al regulador español como algunas de las condiciones impuestas al impertinente teutón en virtud de dichas facultades, infringían el Derecho comunitario -contencioso que finalmente ha terminado ante el Tribunal de Justicia de Luxemburgo-, nuestro Gobierno se afanó en justificar sus actuaciones con la herrumbrosa doctrina del campeón nacional y maniobró entre bambalinas para sacarse de la manga una 'solución española', alternativa a la compra de la eléctrica por el Tirant del Rin.

Como saben los lectores una operación de esta envergadura y con posiciones tan encontradas tenía forzosamente que originar controversias jurídicas y hubiese necesitado el encauzamiento firme y prudente que el organismo regulador de los mercados, la CNMV, no ejerció en momento alguno. Sucedió que aparecieron oportunamente dos nuevos actores provistos de abundante numerario: una antigua empresa constructora española y una gran empresa eléctrica italiana en cuya propiedad el Estado de ese país amigo tiene una sustanciosa participación.

He dicho oportunamente si bien algunos malpensados, atando cabos, han afirmado que se ha tratado de un 'mecanismo político' parecido al ideado por el ministro de Asuntos Exteriores para convencer a Cuba de que respete los derechos humanos; o sea, una treta urdida entre el Quirinal y La Moncloa para derrotar al teutón, como algunos medios españoles utilizando analogías bélicas han definido el resultado de la maniobra. Finalmente, el resultado ha sido que aquel se retira de la operación sin conseguir el objetivo perseguido pero con un botín que no es escaso, Endesa queda en manos de dos socios cuya armonía de objetivos no está asegurada y lo más probable es que el campeón nacional acabe desmembrándose.

No concluyen aquí las peripecias de esta historia ni tampoco se agotan las lecciones que de ella pueden extraerse. Las vacilaciones de la CNMV facilitaron un margen considerable para que los dos actores recién llegados gozasen de una interpretación de las reglas del juego más favorables que el opante, pero cuando el presidente de la Comisión intentó aplicar el reglamento uno tiene la impresión que se le recordó que quien lo hace lo puede deshacer según convenga.

Ello acaso explique tanto su petición de comparecer ante la correspondiente comisión del Congreso a explicar las razones de su dimisión -que no debería ser la única- como el empeño del Gobierno y su grupo parlamentario en impedirlo, no vaya a hablar demasiado. En conclusión, el resultado no puede ser más penoso: un auténtico campeón nacional puede convertirse en una empresa paralítica, el organismo regulador de los mercados se suma a la larga lista de entes supuestamente autónomos pero realmente desprestigiados por complacientes con el poder político y este ha empujado al país a la lista de naciones poco fiables para los inversores extranjeros, que saben que si desean hacer negocios al sur de los Pirineos deben consultar a un Gobierno torpemente intervencionista.

En su número del 31 de marzo The Economist afirmaba que 'los políticos españoles están mostrando un gusto por intervenir practicado profusamente desde hace tiempo en Francia' y el corresponsal del Financial Times añadía el 2 de abril que 'la dimisión del señor Conthe es un fuerte golpe a la credibilidad de los organismo reguladores españoles'. O sea, que como después de haber seducido a su novia reprochaba don Luis a don Juan en el inmortal Tenorio: 'Imposible la habéis dejado para vos y para mí'.

Raimundo Ortega. Economista