COLUMNA

El futuro de la economía

De cuando en cuando los cambios cotidianos alcanzan una intensidad y rapidez inéditas y suscitan reflexiones abiertas acerca de la trayectoria que se sigue, de su idoneidad, de la inercia que empuja y que, quizá, es inapropiada para realidades nuevas y más exigentes. La Unión Europea replantea su Constitución. La mayor parte de los países industrializados buscan una política de inmigración idónea. La evaluación de resultados escolares y universitarios cuestiona la eficacia de la docencia. La exigencia de valores, que rara vez se enumeran, es muestra de desorientación. El pasado no es guía para un futuro que debe hacerse con meta clara y con urgencia tranquila porque el récord en déficit exterior y endeudamiento requieren acción, pero no la de quienes se creen llamados a cambiar con su voluntad a las instituciones, empresas y personas.

La generación actual ha vivido la reducción del 75% del empleo agrario, con mejora en la calidad de la producción, el nivel de vida de los agricultores y el cuidado del medio ambiente. También ha visto una rápida apertura comercial, la globalización del consumo y la producción, lo que ha convertido en producto cotidiano a frutas exóticas, antes sólo probadas por viajeros atrevidos. Cualquier gran ciudad muestra hoy un amplio abanico de razas y atuendos y en cualquier lugar del mundo hay conocidos que encontrar en lo que parecería una coincidencia casi imposible. Bastantes países dieron la bienvenida a la inmigración y ahora tienen el reto de conseguir su integración plena.

A plazo fijo hay algunas situaciones que resolver. Una es la confluencia del aumento de esperanza de vida de la población española con la afluencia masiva de los jubilados europeos (ya han comprado la vivienda) que deciden retirarse aquí, y con el descenso de la natalidad autóctona. Probablemente los avances médicos ayudarán a mejorar la calidad de vida de las personas dependientes y a darles más opciones y autonomía. La oportunidad que se apunta para servicios de cuidado personal es sólida, pero la retribución real que exigirán superará la que aceptan hoy. ¿Cómo se pagará?

Se ha sugerido que la industria seguirá la senda de la agricultura. El hecho es que agricultura e industria son los sectores donde más crecen productividad y renta y ambas continuarán con esa mejora, pero con menos empleo. La calidad y la variedad de los vinos producidos hoy en cualquier parte de España supera, con mucho, a la que había hace 20 años. En esos dos sectores se ha generado una gran demanda de servicios que aportan valor añadido y empleo. Quizá una parte de la producción de la industria se convertirá en conocimiento patentable que se pueda fabricar en otros sitios y genere royalties elevados, hay ingenieros con calidad suficiente, pero los medios, el hábito y el proceso no se improvisan.

Las Administraciones públicas deben generar valor y facilitar la vida al ciudadano. La facilidad para renovar el DNI o el pasaporte son algunos ejemplos, entre otros, que muestran que se pueden hacer bien las cosas sin crear dificultades a los ciudadanos. Sin embargo, hay mucho de censor, de vigilante de no se sabe qué pureza burocrática, que se crece encontrando o inventando dificultades que hacen perder tiempo, dinero y confianza. La confianza en las leyes y en los que las hacen cumplir es la base que insta a invertir en proyectos que dan resultado a largo plazo. Cambiar en profundidad al conjunto de las Administraciones públicas en pocos años es posible, pero tan difícil que disuade a la mayor parte de los políticos.

El conocimiento envejece con una rapidez que obliga a una continua puesta al día. Los profesores enseñan, pero el aprendizaje lo hacen los alumnos. ¿Hay voluntad de aprender y desaprender continuadamente?, ¿queremos aplicar el conocimiento a todo lo que hacemos? Para empezar, ¿se honra y respeta a los maestros? Para dinamizar un país hay que llegar a las raíces. Poda y clareo son poco sin regar, abonar y escardar.

La previsión se vende mal cuando no se comprende la gravedad del problema. Pero ni aun en la Unión Monetaria Europea la deuda puede crecer sin límite, ni el déficit exterior puede consolidarse en nivel elevado. Sólo con un empleo más eficiente que el de otros países y sintonía entre normas y realidad, Administraciones y particulares se consigue la eficiencia, la calidad e innovación continua que da la prosperidad.

Joaquín Trigo. Director ejecutivo de Fomento del Trabajo Nacional