Sanidad

EE UU gastará en sanidad el 20% de su PIB en 10 años

EE UU carece de cobertura sanitaria universal pública y 44,8 millones de personas (el 15,3% de la población) no tienen seguro médico, no obstante, es uno de los países que más gasta en salud. El año pasado se dedicaron a este capítulo 2,1 billones de dólares, el 16% del PIB. La cifra crecerá mucho y rápido. Según los recientes cálculos de los economistas del Grupo Estadístico de Sanidad Nacional, en 10 años el gasto sanitario habrá llegado a 4,1 billones, es decir el 20% del PIB.

El estudio de estos economistas federales refleja que aunque el papel del Estado es, a priori, limitado, al financiar el Medicare (la sanidad para los mayores de 65 años) y cofinanciar junto con los estados el Medicaid (para los pobres), el crecimiento de ambos es tal que su contribución al gasto total actual es del 45% y será cerca del 50% en 2016.

En este sistema híbrido de salud, el resto son seguros privados que pagan los particulares y las empresas aunque cada vez menos ofrecen esta prestación social que se empezó a proveer tras la II Guerra Mundial para compensar salarios no muy elevados. El año pasado el 59% de los trabajadores tenían seguros de sus empresas. En 2001, y según la Fundación Kaiser Family, este porcentaje era del 65%. Ahora las que mantienen el seguro son menos generosas y exigen una co participación del trabajador para afrontar unos gastos que crecen cada año. Las primas son como media un 87% más elevadas que hace seis años mientras la inflación acumulada es del 18%. Muchos de los que carecen de seguro no se lo pueden permitir y solo ven al médico para casos graves con los riesgos que eso conlleva.

Baby boomers

En el aumento de los costes para el Gobierno en el futuro tienen incidencia directa los planes que tienen algunos gobiernos locales para crear un seguro universal para niños, una novedad legislativa. Pero también porque en 2008 entran en el Medicare los primeros baby boomers que se jubilarán en los próximos años. La llegada de este inmenso colectivo, que además tiene una perspectiva de vida mayor que sus antecesores, disparará los costes.

Estos ya se elevaron por encima de las medias de años anteriores en 2005 cuando el Gobierno introdujo en el servicio de Medicare el pago de las recetas farmacéuticas. Curiosamente, la Administración de George Bush introdujo en la legislación un capítulo que prohíbe negociar los precios de las medicinas con las farmacéuticas, algo que la oposición quiere enmendar. Las medicinas se ofrecen también a través de aseguradoras privadas y el negocio es muy lucrativo.

Según el estudio de los economistas del Grupo Estadístico, lo gastos del Medicare crecieron en 2006 hasta 418.000 millones, un 22% más que en 2005. El Medicaid no ha crecido tanto porque han caído sus beneficiarios y porque parte del programa de medicinas corre por cuenta del otro programa público.

Así las cosas y con los seguros privados afectando a la competitividad de las empresas, la cuestión sanitaria se perfila como el problema nacional que más preocupa a los ciudadanos por lo que será la cuestión más importante de carácter doméstico para las elecciones de 2008. Y es un problema que quieren resolver inmediatamente incluso los que se opusieron en 1993 a la propuesta de Hillary Clinton. En parte su prisa es porque se quiere que la reforma llegue antes de que los demócratas al poder y controlen las iniciativas legislativas.

Para los que son enemigos de un Administración grande, el objetivo es deshacer la actual dinámica por la que se avanza, por la vía de los hechos y desordenadamente, hacia un sistema de un solo o preeminente proveedor de salud (como en el Estado de Bienestar). Recientemente los sindicatos y empresas como Wal Mart se unieron para pedir una cobertura sanitaria universal en 2012 en la que participen Gobierno, empresarios e individuos pero ordenando el actual sistema. La oposición demócrata habla de seguro médico universal pero nunca sólo a cuenta del Estado.

El complicado puzle de los seguros privados

Desde Washington salen pocas propuestas viables para resolver el complicado y oneroso puzle sanitario.

El presidente George Bush presentó la última en febrero. Se trata de una reforma de la ley tributaria para introducir deducciones, como las que se hacen a las empresas, a los individuos que se encargan con su propio seguro. Las deducciones se cubrirían con una subida de impuestos a quienes tengan un seguro más caro. Muchos temen que eso sea el fin de los programas ofrecidos por las empresas. Además, es una solución pequeña porque la Casa Blanca calcula que no más de cinco millones de individuos sin seguro se animarían a hacerse uno.

Las soluciones más creativas salen de los estados formalmente republicanos como Massachusetts y California. Arnold Schwarzenegger quiere obligar a las empresas a dar seguro a sus empleados y si no lo hacen, pagar a una caja del Estado que se encargaría de asegurar a estos trabajadores.

Es una opción con gancho, el 64% de los americanos cree que una de las prioridades del Gobierno debería ser garantizar un seguro médico universal según una encuesta de The New York Times y CBS.