EDITORIAL

El escenario que requiere Endesa

Endesa subió ayer un 2,23% en Bolsa después de que Eon renunciase a la supresión de los blindajes estatutarios como condición para su opa, que mantiene pese a que la entrada de Enel en la eléctrica española ha complicado el éxito de la oferta. Eon despejaba así las incertidumbres que empezaban a lastrar al valor. Al mismo tiempo, el consejo de administración de Endesa decidió, por unanimidad, desconvocar la junta extraordinaria prevista para el 20 de marzo con el objetivo de levantar el blindaje estatutario que limita al 10% el derecho de voto. Sin embargo, la prima de asistencia a esa junta -0,15 euros por título-, aprobada por el consejo que preside Manuel Pizarro para asegurarse una elevada presencia de acciones, se mantiene. Es decir, la dirección del grupo eléctrico español ha rizado el rizo y los accionistas van a percibir una prima de asistencia por no asistir a una junta inexistente.

Este es sólo el siguiente capítulo en la larga trama cuyo desenlace, aún no escrito, será la toma de control de la primera eléctrica española. Lo cierto es que la puja podía ser buena para todos: para los pequeños accionistas de Endesa, pero también para el futuro de la empresa, para el mercado y para los reguladores, incluso para los Gobiernos de los países afectados. Pero para ser así debería hacerse en verdadera competencia. Y no es el caso. Porque, además de reflejar las consecuencias espurias que producen los blindajes y la judicialización de la actividad empresarial, todo el proceso está impregnado de pernicioso intervencionismo.

En un sector altamente politizado, los Ejecutivos de Madrid, Berlín y Roma no están haciendo ningún favor a sus empresas ni a sus ciudadanos con una confusión de negocios y política que se puede llevar por delante, si no lo ha hecho ya, el prestigio de más de un organismo regulador. El ministro de Industria, Joan Clos, demostró ayer que el Gobierno español sabe la letra: la competencia del Gobierno 'no es intervenir en los procesos de acuerdo o desacuerdo entre accionistas de las empresas' sino la de 'regular un sector regulado como el eléctrico para la garantía de los consumidores'. Pero la música va por otro lado. Y se está jugando con los intereses de los minoritarios, se está poniendo en peligro la estrategia de una gran empresa, se están colocando interrogantes sobre el buen funcionamiento de los mercados y sus reguladores y, además, se han tensado las alianzas en Europa y se han recrudecido las peleas en Bruselas. Mal bagaje para este viaje.

Son los mercados y el estricto cumplimiento de la ley, y no los patriotismos económicos, los que tienen que marcar quién debe controlar Endesa. La libertad de mercado y de los movimientos corporativos, en un marco de funcionamiento regulado por instituciones independientes, es el único escenario deseable para las operaciones empresariales en la Unión Europea. Lo demás abre la puerta también a las instrumentalizaciones políticas, como la que pretende hacer el Partido Popular de este proceso.

La Cumbre Europea que hoy empieza en Bruselas pondrá sobre la mesa de nuevo la liberalización del sector y la adopción de una política energética común. Poco futuro va a tener si los Gobiernos no asumen antes una política de neutralidad ante las empresas.