Alta tensión en las Bolsas
La Bolsa ha entrado en una fase de alta volatilidad e incertidumbre. Tras ocho meses consecutivos al alza los mercados afrontan una honda corrección. Una situación ya vivida otras veces, sin ir más lejos el pasado mes de mayo, y a la que los inversores avezados ya están acostumbrados. Conviene por tanto relativizar lo sucedido y aconsejar calma tanto a los operadores institucionales como a los pequeños inversores. En esta línea se encuadran las manifestaciones de los dirigentes de las más importantes instituciones económicas del globo, como Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos o Rodrigo Rato, director gerente del Fondo Monetario Internacional. El sustituto de Alan Greenspan se apresuraba esta semana a disipar los temores de la comunidad financiera al afirmar que la economía de Estados Unidos afronta una suave ralentización que puede mudar en recuperación en el segundo semestre.
Pero sí conviene analizar las causas de esta depuración del mercado, una sangría de liquidez que arroja luz sobre las variables que mueven las bolsas. La corrección vivida se desató, según consenso generalizado, por la drástica caída de la Bolsa de China, que a su vez disparó los temores a que el gigante de Oriente, verdadero motor de la demanda mundial, entre en crisis. Ese factor provocó una importante sacudida en los mercados de divisas, en especial, una fuerte revaluación del yen frente al dólar y el euro, que rompía una tendencia bajista prolongada.
La volatilidad provocada por ambos factores ha alcanzado cotas relevantes al ser espoleada por el relevante papel que han asumido en los mercados los hedge fund y, en términos generales, por el elevado grado de apalancamiento que han alcanzado muchos inversores institucionales. Esas posiciones sustentadas sobre deuda acentúan las oscilaciones de los activos cotizados. Y más aún si la inversión se hace recurriendo a divisas con tipos bajos como el yen para invertir en otros mercados con tipos más altos, práctica conocida como carry trade. El propio Rato ha alertado esta semana sobre posibles oscilaciones bruscas de las divisas. No hay que olvidar que los desequilibrios entre las grandes economías del globo persisten, con especial protagonismo de los déficits comercial y fiscal de Estados Unidos y el superávit de China, que son una permanente amenaza contra la estabilidad cambiaria, sobre todo del dólar.
Descontadas esas perturbaciones globales, el consenso de los analistas es optimista. Se considera que el fondo del mercado es bueno y que por fundamentales la situación de la economía es positiva. Los beneficios empresariales apuntalan hasta ahora esta tesis. Siguen en buena forma, como demuestra el balance de la temporada de resultados en Estados Unidos, en Europa y especialmente en España. Al margen de algunos valores claramente sobrecomprados, los múltiplos de las firmas cotizadas son razonables, persiste la elevada liquidez y los tipos de interés pueden subir algo en Europa, y empezar a bajar en Estados Unidos. La corrección ha situado a muchas empresas en niveles de precio más razonables, un factor que de nuevo puede activar las órdenes de compra.