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Comienza el juicio entre Novartis y el Gobierno indio por la ley de patentes

Tras posponerse el pasado 29 de enero la primera vista del juicio que la farmacéutica suiza Novartis ha interpuesto contra el Gobierno de India, hoy arranca por fin el proceso judicial en el que se decidirá si se puede fabricar como génerico el medicamento anticancerígeno Glivec. La vista se ha retrasado porque el Gobierno pidió hace 15 días un aplazamiento para analizar varios informes de expertos en leyes de propiedad intelectual.

La oficina de patentes de India rechazó en enero de 2006 la protección del compuesto imatinib mexylate, comercializado por Novartis como Glivec. Consideró que no es realmente una innovación, sino sólo "una nueva forma de una sustancia conocida". La ley de patentes india especifica que sólo las verdaderas innovaciones serán protegidas. Desde Novartis se mantiene la idea de que una protección adecuada de la propiedad intelectual beneficia tanto a ciudadanos como a la propia innovación en los tratamientos. El Gobierno indio defiende la producción de genéricos como medida necesaria para que los medicamentos puedan llegar a los países subdesarrollados.

Por su parte, varias organizaciones han destacado la importancia del juicio. Intermón Oxfam y Médicos Sin Fronteras, que ya ha recogido 279.000 firmas, 56.500 de ellas en España, opina que no permitir la fabricación de genéricos en este país condenará a millones de personas que no pueden permitirse los tratamientos en todo el mundo. En India, más de 20.000 personas toman la versión genérica de Glivec, que cuesta 150 euros al mes mientras que la original de Novartis se vende a 2.000.

El país asiático es el principal proveedor de medicinas esenciales en los países subdesarrollados, a los que exporta el 67% de su producción de genéricos. Por ello las organizaciones humanitarias han advertido de que este caso va más allá de Glivec. Si Novartis gana, podría provocar que se otorgaran más patentes. La primera preocupación son los medicamentos contra el sida: 11 drogas, todas para el tratamiento del VIH, esperan la revisión de su caso tras pedir patente y ser impugnados por grupos humanitarios. Los intereses de las grandes multinacionales farmacéuticas, preocupadas por dejar de ganar dinero -ellos dicen recuperar la inversión- con las patentes de nuevos medicamentos o modificaciones de los antiguos, choca con los intereses de los más pobres, para quienes los fármacos genéricos, más baratos, son la única forma de acceder a la salud, algo que defienden las grandes ONG.