COLUMNA

Fútbol, mercado y competencia

El fútbol profesional forma parte de la globalización económica: jugadores, entrenadores, gestores y capitales circulan libremente y los principios microeconómicos tienen aquí la misma vigencia que en cualquier otro sector económico. Si bien nadie discute que el fútbol está sujeto a las leyes del mercado, estas líneas pretenden denunciar que el sistema de ligas nacionales no fomenta la competencia ni valores sociales o deportivos.

En España, Real Madrid y Barcelona se reparten el 62% de los títulos de liga disputados, porcentaje que aumenta al 80% en los últimos 20 años. Sus presupuestos astronómicos (300 millones de euros) determinan sus triunfos deportivos. Su poderío se retroalimenta gracias al efecto arrastre, que atrae a seguidores, jugadores y, llegado el caso, inversores deseosos de participar en sus triunfos.

Los equipos que esporádicamente han roto el dominio de este duopolio en los últimos 20 años -Valencia dos veces, Atlético de Madrid y Deportivo, una- son respectivamente los equipos con el tercer, cuarto y quinto presupuestos de la liga. En suma, la correlación positiva entre presupuesto y victorias ligueras es casi absoluta.

Este fenómeno se da en la mayoría de ligas europeas: un oligopolio formado por dos o tres equipos históricos con presupuestos elevados acapara los títulos de liga. Los equipos que desean romper el dominio de estos oligopolios se enfrentan a enormes barreras de entrada. El Chelsea es el que mejor refleja estas dificultades. El multimillonario Roman Abramovich ha desembolsado 685 millones de euros, que han hecho posible la obtención de los dos últimos títulos de la liga inglesa, dominado hasta entonces por el Arsenal y Manchester United (11 de los 12 títulos anteriores).

El Chelsea perdió 208 millones en 2005 y no espera equilibrar sus cuentas hasta 2010. Pocas empresas en el mundo podrían permitirse un plan de negocio que prevé pérdidas millonarias por seis años. Sin embargo, es el precio a pagar para entrar en el selecto club de equipos triunfadores.

En contraposición a las ligas nacionales, la Liga de Campeones y la UEFA son más competitivas. Desde la implantación de su nuevo formato en 1992, la Champions ha sido ganada por 11 equipos y sólo han repetido el Milan (2 títulos) y el Madrid (3). Por otra parte, ningún equipo ha ganado la UEFA más de una vez desde la temporada 1995. Dos factores explican esta mayor competencia e igualdad: el sistema de eliminatorias (que permite mayores sorpresas deportivas frente a la regularidad de una liga) y el mayor equilibrio presupuestario entre los mejores equipos europeos. Desde una perspectiva económica, parece conveniente instaurar un sistema de divisiones europeas, manteniendo las ligas nacionales como categorías inferiores.

Esta solución respondería a la globalización del fútbol pero no sería suficiente para generar una competencia equilibrada a largo plazo, porque al desaparecer las eliminatorias, disminuiría el factor suerte y el diferencial presupuestario volvería a determinar el éxito deportivo, perpetuando el dominio de unos equipos frente a otros. Llegados a este punto, convendría analizar si existe una solución que contrarreste la espiral presupuesto-triunfo y aúne una mayor competencia en el fútbol con el respeto de otros valores sociales y deportivos. En la NBA parecen haber encontrado una solución que conjuga esencia del deporte y capitalismo: límites máximos de gasto por equipo, convenios salariales y un draft (los peores equipos de cada temporada tienen preferencia sobre los mejores jugadores universitarios que se llegan a la NBA) han garantizado una igualdad real de oportunidades sin menoscabar la calidad.

De manera análoga a la NBA, en el fútbol y otros deportes profesionales podría implantarse una normativa que estableciese un máximo de gasto en fichajes, convenios salariales y la obligación de alinear un mínimo de jugadores formados durante un periodo de tiempo en el propio club. Por ejemplo, que cada alineación incluya 5 jugadores que hayan pertenecido al club durante al menos 5 años.

Esta normativa sería conforme con la normativa comunitaria y, en particular, con la sentencia Bosman, que declaró que el fomento de valores sociales y deportivos puede justificar excepciones a las normas del libre mercado: 'dada la importancia social de la actividad deportiva, los objetivos consistentes en garantizar el mantenimiento de un equilibrio entre los clubes, preservando cierta igualdad de oportunidades y la incertidumbre de los resultados, así como en alentar la selección y la formación de nuevos jugadores son legítimos'.

Si, como nos tememos, los intereses económicos siguen primando sobre los deportivos y esta propuesta no prospera, sería al menos más coherente hablar de fútbol en la sección de economía y de los clubes como empresas. Así quizás despertaría la conciencia de autoridades, directivos y aficionados obligándoles a reflexionar sobre la cuadratura del círculo: deporte, mercado y competencia.

Javier Berasategi Vicepresidente del Tribunal Vasco de Defensa de la Competencia