EDITORIAL

La lección de Iberdrola-Scottish

Si la mejor defensa es un buen ataque, la compra por Iberdrola de Scottish Power encaja perfectamente en esa estrategia. Y es así en los ámbitos nacional e internacional. En el exterior, porque la nueva Iberdrola se convierte en una pieza más difícil de digerir por otro grupo del sector. No en vano se convertirá en una de las grandes de Europa, más cerca del gigante público francés EDF o de la alemana Eon. En el interior, porque diluye la participación de accionistas de Iberdrola que pudieran tener planes -expresos o tácitos- diferentes a los de la actual dirección, encabezada por Ignacio Sánchez Galán.

Este salto de Iberdrola resta argumentos a quienes, a pesar de que los analistas preveían un precio más alto, dicen que paga caro -17.200 millones de euros, en efectivo y acciones-. Un precio al que hay que añadir el dividendo extraordinario a repartir tras la operación, fórmula de moda en las operaciones empresariales, que sirve para que nadie pueda acusar a la compradora de comprar con dinero de la comprada.

La operación, producto del acuerdo entre ambas compañías, tiene notable trascendencia en el marco europeo, necesitado de operaciones transfronterizas, y porque, como recordó ayer Pedro Solbes, es un avance hacia un mercado unificado de la energía. En clave española, porque mueve piezas en el sector tras una larga paralización expectante por las opas sobre Endesa.

Sánchez Galán ha dejado entrever que esta operación puede facilitar otra posterior con una empresa española, porque al alcanzar Iberdrola dimensión comunitaria sería regulada por Bruselas, no por las autoridades españolas. En boca de todos están Fenosa -controlada por ACS- y Gas Natural -muy compatible con Iberdrola-, pero el directivo dejó claro que no liderará una operación 'en una situación jurídica en la que uno más uno sean menos que uno', por las desinversiones que se vienen exigiendo en España. Sin embargo, la teoría de que Bruselas sería más proclive a una operación así choca con la doctrina comunitaria contra las fusiones nacionales que eliminan competidores y refuerzan los oligopolios.

Hay otro aspecto a destacar de la operación. Se trata de la fluidez y discreción con que se ha hecho en fondo y forma. Sin excluir sobresaltos, incluidas eventuales nuevas ofertas, Iberdrola y Scottish han acordado la operación un par de semanas después de que se filtraran los contactos. Aparte del buen hacer de los directivos de la empresa española, hay que destacar el sentido práctico de los británicos a la hora de hacer negocios, lejos de patrioterismos, tan queridos en la Europa continental, y de los ineficientes conceptos nacionalistas.

En un par de años, las empresas españolas han tomado posiciones en Reino Unido inimaginables poco antes. El Santander con el Abbey, Telefónica en O2 o Ferrovial en BAA son antecedentes suficientes para demostrar, por un lado, la potencia creciente de las empresas españolas, y por otro que los negocios se deben hacer en y desde las empresas y con criterios de mercado. Nunca en los tribunales o en los cenáculos políticos. Baste un ejemplo para entender esto: la luz del 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico, es suministrada por el grupo francés EDF. A ver si aprendemos.