TRIBUNA

Conciliación y productividad, un reto de gestión

Un exceso de regulación no es deseable para la necesaria mejora de los problemas de conciliación y productividad en las empresas, según el autor. En su opinión, se deben eliminar todos los obstáculos que impiden acuerdos para unas relaciones laborales más satisfactorias entre empresas y empleados

Muchos ciudadanos tienen que enfrentarse a diario con el reto de conciliar su vida profesional y personal. En una primera etapa de la vida hay que conciliar trabajo con estudios o aficiones, después, el trabajo con los hijos y, finalmente, el trabajo con los mayores dependientes. El trabajo es algo fundamental para el desarrollo del individuo, pero debe ser compatible con el resto de sus necesidades y responsabilidades.

Durante las últimas décadas las empresas han exigido de sus empleados una dedicación plena. El tiempo de permanencia en el puesto de trabajo era una de las cualidades más valoradas en un empleado, y nadie abandonaba la oficina antes que su jefe, pues la presencia era más importante que la productividad.

España es hoy uno de los países desarrollados con una productividad más baja, y entre las causas más probables de esta situación están nuestros horarios y la organización del trabajo. Esta situación es la que ha llevado al Círculo de Empresarios a la reflexión que recoge su documento Conciliación y Competitividad.

Si nuestros empleados tienen problemas para conciliar su vida profesional y personal, y su productividad es baja, empresa y empleado sufren una insatisfacción mutua. La empresa necesita empleados motivados y productivos, necesita atraer y retener el talento. Para ello debe buscar fórmulas que permitan simultáneamente mejorar la productividad y satisfacer las necesidades de los empleados. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar mejor. Cambiemos la organización del trabajo y orientemos las actividades hacia los resultados. La empresa debe definir con claridad sus objetivos y organizar sus recursos humanos de forma flexible y eficiente, de este modo se pueden resolver buena parte de los problemas de conciliación.

Lo que más le interesa a la empresa es que se cumplan los objetivos acordados en el plazo establecido, y no tanto que se produzca la ausencia puntual de un empleado. Empresa y empleado pueden acordar las reglas para que la primera consiga más productividad y el segundo más flexibilidad para atender sus compromisos personales. El ordenamiento jurídico permite a empresa y empleado obtener, por medio de un contrato explícito, el contrato laboral convencional, una relación laboral con las garantías jurídicas suficientes para ambos.

Sin embargo, los contratos laborales no pueden recoger toda la casuística de los posibles acuerdos a que las empresas y los empleados pueden llegar para mejorar conciliación y productividad. En muchos países de nuestro entorno, empresa y empleado acuerdan verbalmente algunas condiciones particulares de su relación laboral, estableciendo un contrato implícito. Un empleado puede desear sustituir su presencia en el trabajo los miércoles por la tarde por empezar su jornada media hora antes todos los días. Si alguna de las partes incumpliese este acuerdo, o cambiaran las circunstancias que lo originaron, siempre queda la posibilidad de volver a las condiciones del contrato explícito.

Por este motivo entendemos que un exceso de regulación no es deseable para mejorar nuestros problemas de conciliación y productividad. Las instituciones públicas deben proporcionar a empresas e individuos el marco jurídico que les permita establecer sus relaciones laborales con todas las garantías de un Estado de Derecho y eliminar todos los obstáculos que impidan a las partes establecer acuerdos que posibiliten unas relaciones laborales más satisfactorias. Pero cualquier solución, o acuerdo, que empresa y empleado puedan establecer para mejorar la situación, debe cumplir dos requisitos previos:

En primer lugar, la empresa debe ser capaz de organizar el trabajo de sus empleados de forma flexible. Debe definir para cada empleado, y para cada grupo de empleados que trabaje en equipo, unos objetivos de productividad y unas reglas básicas de organización. Y esto no es sencillo, porque la empresa debe contar con ciertos medios materiales y humanos para gestionar esta nueva situación.

El estilo de dirección menos sofisticado consiste en disponer de medios en exceso para atender las necesidades a medida que se presentan. Pero este estilo de dirección es altamente improductivo. Planificar, prever cuales pueden ser las necesidades, y conocer con antelación los medios de que se puede disponer para atenderlas es algo mucho más complejo. Las empresas deben invertir en formación y capacitación de sus equipos directivos para gestionar los recursos en un entorno flexible y complejo.

En segundo lugar, el empleado debe ser capaz de responder a este esfuerzo con responsabilidad. También debe usar mejor su tiempo y de forma más productiva. Si puede organizarlo mejor para atender otras responsabilidades, debe ser también más eficiente en el que dedica al trabajo.

Conciliación y productividad son un reto de organización y responsabilidad para empresa y empleado, y al mismo tiempo una oportunidad para desarrollar unas relaciones laborales más satisfactorias y productivas. ¿Seremos capaces de aprovechar esta oportunidad?

Manuel Pérez-Sala Gozalo. Miembro de la Junta Directiva y del Comité de Conciliación del Círculo de Empresarios