EDITORIAL

El cambio de rumbo de Iberia

El sector aéreo internacional vive una revolución copernicana por una acumulación de cambios que van desde el desarrollo imparable de las compañías de bajo coste hasta unas inéditas exigencias de seguridad a los pasajeros, pasando por el replanteamiento estratégico de las compañías de bandera. El proceso presenta en España alguna característica distintiva. Una, que el impacto de las líneas de bajo coste es mayor por el importante movimiento de turistas y, además, tiene una enorme potencialidad que las empresas del segmento están dispuestos a aprovechar. La otra particularidad es el crecimiento de las líneas de tren de alta velocidad, inexistentes en otros países. El AVE es un durísimo competidor que expulsa del mercado a los vuelos de menos de 600 kilómetros.

Este panorama está acelerando en las empresas cambios estratégicos para el mercado doméstico, y más destacadamente en Iberia. La líder ha iniciado un repliegue en vuelos internos que no pasen por Madrid, lo que reducirá este año su cuota local del 45,2% al 41,6%. Si alguien se retira de un mercado la consecuencia es que otro ocupa rápidamente su lugar. Es lo que está ocurriendo con Spanair (un millón de pasajeros más en 2006), Vueling (600.000 más), Air Europa o la misma Air Nostrum, aliada de Iberia, que ha ganado 300.000 clientes. No hay que descartar que también intenten captar su trozo doméstico las grandes del bajo coste, como Easyjet o Ryanair, con importantes proyectos en marcha, que Iberia intenta contrarrestar con Clickair.

Iberia parece reorientar su futuro a ser una compañía de red -con España como un hub, un centro de distribución transatlántico-, que base el grueso de su negocio en proporcionar una buena conectividad entre Europa y América Latina. Una apuesta que no está exenta de riesgo, pero que es al fin y al cabo una respuesta a un mercado en plena ebullición.