COLUMNA

África está más cerca cada día que pasa

Es un lugar común afirmar que África se ha convertido en una moda entre las estrellas de Hollywood. Son numerosos los actores y cantantes que comprometen su esfuerzo personal a favor de los habitantes de los países africanos menos desarrollados. Poniendo en duda la efectividad de tal comportamiento, algunos se preguntan cuántos niños tienen que ser adoptados por celebridades de la farándula para sacar al continente de la pobreza. No son pocos los que afirman que toda la publicidad generada en torno a (algunos dicen en beneficio de) músicos, actrices y modelos, no ha tenido ningún impacto en la solución de los problemas africanos, ni han provocado la toma de conciencia entre los ciudadanos de los países ricos.

La postura de muchos dirigentes de ONG que trabajan en África es menos negativa. En general, aceptan de buen grado la publicidad que las celebridades traen consigo y que, según ellos, les permiten llegar a grupos sociales ajenos a los problemas de la ayuda a los países menos desarrollados.

El que no exista un criterio unánime sobre este tema no debe preocupar. De hecho, entre los que se ocupan con seriedad de estos problemas las posturas no pueden ser más dispares. Entre ellos pueden encontrarse desde los que predican la condonación de la deuda hasta los que defienden eliminar cualquier ayuda exterior.

Lo que sí preocupa a algunos es la derivación que el comportamiento de estas celebridades está teniendo en el fortalecimiento de una manera de contar lo que sucede en África por parte de la industria cinematográfica norteamericana. En los últimos dos años se ha estrenado un buen número de películas que tienen lugar en ese continente y que cuentan dramas y romances a la manera de Historias de África. Esto es, relatos contados desde la mirada del hombre y la mujer blanca, que se encuentran en una situación que les permite abandonar el escenario de la tragedia en cuanto se acabe la historia de amor. Lo cual no debe ser causa de sorpresa. Posiblemente la televisión dedique a lo largo del año más tiempo a documentales sobre animales africanos que a noticias de ese continente.

Todo lo anterior guarda un cierto paralelismo con lo que sucede con la ayuda a los países menos desarrollados, que parece estar más pensada para agradar el paladar de los donantes que para las satisfacer las necesidades que los expertos en desarrollo señalan como prioritarias.

Es lo que viene a poner de relieve la Unctad en su Informe sobre los Países Menos Adelantados, 2006 cuando afirma que, desde comienzos de los años noventa, los donantes han aumentado la proporción de la asistencia destinada a sectores sociales como la salud y la educación, al alivio de la deuda y a las situaciones de emergencia, reduciendo la asistencia destinada a la mejora de las infraestructuras y a la promoción de los sectores productivos.

Sin embargo, las economías de estos países son muy frágiles. Su evolución se caracteriza por breves periodos de progreso seguidos de derrumbamientos económicos repentinos. Para reducir esta vulnerabilidad es necesario desarrollar sus bases productivas a fin de que puedan diversificar su producción, crear empleos, y movilizar los recursos y las capacidades internas infrautilizadas. Si ello no se consigue, el capital humano acumulado gracias a los gastos en sanidad y educación no podrá ser rentabilizado, la deuda seguirá creciendo y las situaciones de emergencia encontrarán a los países sin reservas propias con las que hacerles frente.

El informe subraya por otra parte que ese es el único medio de atenuar las presiones que promueven la emigración internacional desde los países pobres. En concreto, los países más pobres del mundo se están urbanizando sin crear empleos productivos fuera del sector agrícola y resulta imprescindible fomentar la actividad y expandir el empleo en el sector no agrícola de una forma que los hagan competitivos a nivel mundial.

O aumenta el empleo en África, o aumenta la migración africana hacia los países industrializados. La ayuda al desarrollo ha dejado de ser parte de la agenda de la cooperación internacional de los países desarrollados para formar parte de sus políticas demográficas y de inmigración. Desgraciadamente en este terreno las estrellas del cine lo tienen más difícil.

Francisco de Vera. Economista