Crónica de Manhattan

El elefante en el comedor

En un encuentro con la prensa hace unos días, analistas de Standard & Poor's, Nomura y Bear Stearns, dijeron que lo que les preocupa del avance demócrata, que puede cristalizar mañana en las elecciones, es el futuro de los recortes fiscales de George Bush de 2001 y 2003.

æpermil;stos expiran en 2010 y los demócratas quieren que se acaben todos los que no afecten a la clase media. En Wall Street, no gusta que se quiera volver a fiscalizar plusvalías y dividendos. No obstante, preguntados sobre si el presupuesto deficitario puede permitirse estos recortes y la necesaria reforma del AMT, los analistas respondieron con evasivas.

No son solo ellos. El AMT es como un elefante en un comedor del que nadie habla. No se sabe cómo ha llegado hasta ahí y no se sabe cómo sacarle. De la misma manera, casi nadie habla del AMT (Alternative Minimum Tax), un impuesto muy gravoso ideado para ricos y que cada vez afecta más a la clase media.

Este impuesto se creó en 1969 para asegurar que quienes tuvieran más dinero pagaran impuestos y no se acogieran a todas las deducciones.

El problema es que no se previó su actualización con la inflación y sus redes alcanzan cada vez a más hogares. Hasta ahora se ha evitado con parches legislativos que afecte a más. Con todo, se prevé que 3,8 millones de contribuyentes lo paguen en 2006. En 2007 serán 23 millones y 30,1 en 2010.

El problema de reformarlo, (eliminarlo o dejarlo para quienes se creó), es que dejará un inmenso agujero en los ingresos y el panorama presupuestario será oscuro. Los parches desde 2001 han supuesto que se dejen de ingresar 66.500 millones de dólares. En 10 años se espera que el AMT suponga ingresos de 1,35 billones, según al Oficina Presupuestaria del Congreso.

El Gobierno, que quiso encuadrar la reforma del AMT dentro de la ya olvidada reorganización de la ley tributaria, no ha renunciado a estos ingresos en sus proyecciones presupuestarias.

Curiosamente, este es un asunto casi ausente de la campaña. Apenas media docena de demócratas han aludido, brevemente, al problema.

Los republicanos, con Bush a la cabeza, no quieren verlo y atacan a sus oponentes diciendo que dejando expirar los recortes de 2001 y 2003 subirán los impuestos. No dicen que el avance del AMT sube la presión fiscal a la clase media y tampoco hablan ni del déficit crónico ni del incremento de la deuda.

El asunto exige algo más de seriedad y puede que cuando se apague el ruido de la campaña se pueda trabajar, como pide el demócrata Charles Rangel en una solución bipartidista. Porque el problema es que en 2008 cuando Bush deje la Casa Blanca, al que le toque gestionar la jubilación de los baby boomers no le quedará más remedio que actuar y posiblemente subir impuestos. Bush padre lo tuvo que hacer cuando Ronald Reagan le dejó el elefante en el despacho oval.