Elecciones Cataluña 2006

CiU gana las elecciones, pero los pactos decidirán quién gobierna

La foto ganadora de las elecciones celebradas ayer en Cataluña fue para Convergència i Unió, que pasa a tener 48 escaños en el nuevo Parlamento autonómico frente a los 46 obtenidos por su líder, Artur Mas, hace cuatro años. El resultado le aporta una ventaja sobre el PSC de 11 escaños, pues el candidato socialista, José Montilla, dispondrá en la Cámara catalana de 37 asientos, cinco menos que los que su antecesor, Pasqual Maragall, consiguió en las últimas autonómicas. Esta ventaja de los nacionalistas catalanes sobre los socialistas, al contrario de lo sucedido en 2003, se refleja también en número de votos. CiU cosechó ayer el 31% de los sufragios frente al 27% de su principal rival. Con todo, el color del Gobierno de la Generalitat, sobre el que recaerá la responsabilidad de gestionar el nuevo Estatuto con un presupuesto anual cercano a los 30.000 millones de euros, dependerá de los acuerdos políticos que se negocien en los próximos días, ya que el triunfo de CiU se ve contrarrestado por la suma de la mayoría absoluta de las fuerzas que en la última legislatura han conformado el tripartito. Entre el PSC, ERC e Iniciativa reúnen 70 escaños, cuatro menos que hace cuatro años, pero suficientes para gobernar. El dirigente del PSC Miguel Iceta subrayó anoche la firme decisión de su partido de 'formar un gobierno de progreso' pese al nítido triunfo de CiU, mientras que el secretario general de Esquerra, Joan Puigcercós, avanzó que su formación actuará 'en clave catalanista y de izquierdas', por lo que dejó todos los escenarios abiertos.

CiU es la primera fuerza en los cuatro territorios, aunque pierde el 10% de los votos respecto de los resultados de 2003. El PSC pierde el 23% y ERC, el 25%.

La tendencia que avanzaban la mayoría de las encuestas se vio confirmada tras escrutarse la totalidad de los votos del 56% de ciudadanos que acudieron finalmente a las urnas, una participación notoriamente más baja, seis puntos, que la de hace cuatro años. CiU es la fuerza política que tendrá más diputados en el nuevo Parlament, pero tendría que negociar bien con los socialistas o bien con los republicanos si desea recuperar la Generalitat que gobernó Jordi Pujol hasta 2003 durante 23 años consecutivos.

Ciutadans irrumpe en el nuevo Parlament con tres escaños

La mayor abstención, del 44%, se nutre, sobre todo, de los feudos del PSC

Todos los partidos pierden votos respecto a 2003 salvo Iniciativa

Objetivamente, Esquerra Republicana, cuyo deterioro electoral provocado por las estridencias del tripartito se traduce en la pérdida de dos escaños, vuelve a tener la llave de la gobernabilidad y habrá que estar atentos a sus próximos movimientos, ya que sus principales líderes, Josep Lluís Carod Rovira y Joan Puigcercós, eligieron como estrategia de campaña la equidistancia de CiU y del PSC para conservar tras los comicios celebrados anoche el mayor margen de maniobra posible. Parte de los votos perdidos por Esquerra han ido a parar a Iniciativa per Catalunya, que suma 12 escaños frente a los 9 logrados hace cuatro años. La apuesta de su líder, Joan Saura, por renovar el tripartito es nítida. Es evidente que es quien más ha rentabilizado la experiencia de gobierno vivida en la Generalitat los últimos años si se compara con el fuerte coste que han terminado pagando por ella tanto el PSC como ERC.

Las elecciones de ayer constataron también que el PP vuelve a quedar fuera de juego en Cataluña, pues la ambición de su líder, Josep Piqué, de servir de muleta a CiU para alcanzar el listón de los 68 escaños que marca la mayoría absoluta se ha visto nuevamente frustrada. Los 14 escaños obtenidos por Piqué, uno menos que en 2003, vuelven a dejarle aislado en esta comunidad y aumentarán también posiblemente la soledad de su partido en Madrid, donde tampoco tiene fácil una aproximación a los nacionalistas después de haber tramitado el recurso de inconstitucionalidad contra el Estatuto que concede a Cataluña las mayores cotas de autogobierno de su historia contemporánea. Todo ello supone para Mariano Rajoy un reto de primera magnitud con vistas a las elecciones locales de mayo y, todavía en mayor medida, a las generales de 2008, dada la debilidad que vuelve a confirmar su partido en una comunidad como la catalana que es vital, junto con la andaluza, para sumar escaños en el Congreso de los Diputados.

La novedad llega de la mano de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía, una formación creada por intelectuales de izquierdas descontentos con la deriva nacionalista que el PSC tuvo en la última legislatura. Irrumpe en la Cámara autonómica con tres escaños que son toda una incógnita en términos de aritmética parlamentaria.

La digestión por parte de las distintas fuerzas políticas en liza de los resultados conocidos anoche dependerá de quien forme parte al final del Gobierno de la Generalitat, pues no es lo mismo hacerla desde los despachos donde se tomarán las principales decisiones para el futuro de Cataluña que desde los bancos de la oposición. Cada partido arrastra sus problemas internos y dispone de calendarios distintos para solventarlos. Es evidente que al PSOE le gustaría que cualquier decisión que tomara José Montilla al frente del PSC a partir de los comicios celebrados ayer, no obstaculizase el acercamiento que José Luis Rodríguez Zapatero hace tiempo ha iniciado a CiU en Madrid en busca de una colaboración estable en el Parlament. La compañía de los nacionalistas catalanes es para la mayoría de los dirigentes socialistas ajenos a los intereses inmediatos del PSC mucho más confortable que la de los republicanos, pues les ofrece mayores garantías de estabilidad política. No sólo eso. Zapatero espera que el gran esfuerzo que desplegó para conseguir que saliera adelante el nuevo Estatuto catalán se vea ahora compensado por un desarrollo razonable del mismo que, con independencia del Gobierno que lo lidere, no se convierta en una continua fuente de polémica con el Ejecutivo central.

En buena lógica, el fuerte desgaste del PSC en las urnas le restaría margen de maniobra para pactar con los republicanos, máxime si se tiene también en cuenta la erosión electoral sufrida por Esquerra. No ocurre lo mismo con Iniciativa, la única fuerza que ha conseguido rentabilizar su paso por el tripartito. Montilla expresó durante la campaña electoral su disposición a gobernar Cataluña en solitario, con los apoyos externos de las fuerzas llamadas progresistas. Este planteamiento comprometería no tanto a Joan Saura (IC) como a Josep Lluís Carod Rovira y a Joan Puigcercós, pues a ambos les corresponde decidir si ERC opta por afrontar el relevo en su dirección, que probablemente acelerarán los resultados de ayer, desde el Gobierno o desde la oposición. Es obvio que Carod se juega en este envite su jubilación, mientras que Puigcercós aparece en todo caso con un futuro político con bastante recorrido por delante pues, hoy por hoy, es quien tiene el control sobre el aparato de Esquerra y el respaldo mayoritario de sus bases.

En el Gobierno hay quien piensa que con independencia de los movimientos que haga el PSC a raíz de las elecciones de ayer siempre estará salvaguardado el entendimiento entre el PSOE y CiU en Madrid dada la tradicional decantación de los nacionalistas por mantener buenas relaciones con el Ejecutivo central. Está por ver si la relativa facilidad con la que Zapatero se ha valido hasta ahora de un amplio abanico parlamentario para gobernar, del que sólo se ha autoexcluido el PP, puede mantenerse en lo que resta de legislatura para sacar adelante sus principales proyectos de ley. Su primera prueba de fuego la pasará hoy en la votación parlamentaria de la reforma fiscal, del proyecto de ley de prevención del fraude, de la ley de Igualdad y del nuevo Estatuto del Empleado público, pero todavía le aguardan para las próximas semanas otros retos como, por ejemplo, la aprobación definitiva de los Presupuestos del Estado para 2007 o la Ley de Dependencia. Está por ver qué tipo de mayorías pacta el Gobierno en cada caso en el Congreso y la forma en que su negociación se ve condicionada por los pactos electorales que se fragüen en Cataluña.

En el Grupo Socialista se tiene muy en cuenta que el PSC aporta en la actualidad 21 de los 164 escaños de que dispone el PSOE en el Congreso de los Diputados, una realidad que estrecha también el margen de maniobra para cualquier pulso serio que Zapatero y la dirección federal del partido estuviesen dispuestos a librar con los socialistas catalanes para influir en las alianzas poselectorales en Cataluña. Si algo ha dejado claro Montilla desde que hace unos meses sucedió a Maragall en el cartel electoral es que los pactos serían decididos en exclusiva por el PSC sin interferencias políticas de ninguna naturaleza.