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Columna
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Ya es suficiente

Ante el superávit, la clave es el gasto

José Carlos Díez

Tras varios años solicitando políticas fiscales contractivas ha llegado el momento de cambiar algo el discurso. En este mundo surrealista, y como ya sucedió en EE UU, ha sido un Gobierno de centroizquierda el que ha conseguido el primer superávit en muchas décadas. En 2005 se superó ligeramente el 1% del PIB y este año el ahorro público será aún mayor. Por ser tan escaso, el ahorro público siempre es bienvenido, pero en esta ocasión ha venido como agua de mayo.

El crecimiento en 2004 era muy desequilibrado: el consumo privado desbocado y la demanda interna creciendo por encima de su potencial y de la de nuestros socios europeos. Si a esto le sumamos una política monetaria extremadamente expansiva para España y un choque de los precios del petróleo tenemos un cóctel explosivo: una inflación del 4% y una contribución negativa de dos puntos porcentuales del sector exterior.

Desde el verano de 2005, la recuperación de la economía europea llevó a subidas de tipos de interés del BCE, lo cual, junto al superávit público, han conseguido cambiar nuestro modelo de crecimiento. La economía crece a su tasa más alta del último lustro, liderada por la inversión de bienes de equipo y destaca la fuerte recuperación del sector industrial y de las exportaciones. La creación de empleo se ha moderado, por lo que el mayor crecimiento se debe al aumento de la productividad. No obstante, el deflactor del PIB sigue clavado en el 4% y la contribución negativa del sector exterior ha disminuido, aunque sigue siendo excesiva.

'El riesgo es que el superávit vuelva a ser mayor de lo esperado, al igual que en los dos años anteriores'

Por ambas razones, el Gobierno acierta al proponer un nuevo superávit para 2007 del 0,7% del PIB. El cuadro macroeconómico y las previsiones que ha presentado el Ejecutivo vuelven a ser prudentes, especialmente en el crecimiento esperado de los ingresos, por lo que el riesgo es que el superávit vuelva a ser mayor de lo esperado, al igual que en los dos años anteriores.

En 2006, los tipos del BCE se aproximarán al 4%, lo cual seguirá reduciendo la renta disponible de las familias, pero el petróleo dejará de ser una amenaza para la inflación y el crecimiento, estabilizándose en 70 dólares el barril, o por debajo. Con menores presiones inflacionistas, debemos abandonar un análisis de corto plazo y ampliar el zoom.

El fuerte aumento de la población exige incrementar el stock de capital. Las empresas y las familias están cumpliendo su papel y el Estado debe estar a la altura.

Ya tenemos evidencia de que los servicios públicos van más lentos que el aumento de la población y los nuevos desarrollos urbanísticos adolecen de falta de infraestructuras de acceso, transporte público, servicios sanitarios, educativos, seguridad, etcétera.

El debate sigue centrado en la reforma fiscal, pero la clave es el gasto. Con la restricción de mantener el superávit, para evitar tensiones inflacionistas, y la necesidad de acometer nuevos proyectos, para evitar cuellos de botella, la eficiencia en el uso del gasto es prioritaria. En el Plan de Dinamización había un compromiso explícito de desarrollar una agencia de evaluación del gasto público que publicaría una memoria anual. Esta es la máxima prioridad.

La sociedad española ha podido comprobar las bondades de la estabilidad. Con un superávit público y mayores tipos de interés, la economía ha aumentando su velocidad de crucero. Las condiciones externas en 2007 serán más favorables, por eso pensamos que un superávit próximo al 1% del PIB es suficiente.

Economista jefe de Intermoney

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