EDITORIAL

El compromiso de Ford

La planta española de Ford, en Almussafes, cumple 30 años. Echar la vista atrás permite comprobar los efectos que tuvo sobre la economía española la llegada de la multinacional. Los conocidos como decretos Ford, elaborados para permitir la instalación de la planta, abrieron la puerta de un país necesitado de industria a otros fabricantes, hasta convertir España en uno de los mayores fabricantes de automóviles del mundo. La planta de Almussafes pudo cumplir pronto los estándares que exigía el mercado y mostró al mundo que desde España se podía competir también en calidad. Lo demuestran los nueve millones de coches que habrá fabricado Ford en España cuando acabe este año. Pero el futuro, como en todo el sector, presenta ciertas incógnitas, entre la que no es la menor la reestructuración de la casa matriz. La planta española necesita nuevos modelos a medio plazo, cuando deje de hacer el Ka, el Mazda2 e incluso parte del Focus. La reducción de costes y la flexibilidad laboral, que la plantilla ha asumido, serán básicos. La empresa sabe que cuenta con una planta que ha demostrado su efectividad en estas tres décadas.