COLUMNA

El aprendiz de brujo y el futuro del empleo

Vaticinar el futuro es cosa bien arriesgada, más propia de augures que de analistas responsables. Como los economistas, explican mejor lo que ha ocurrido que anticipan lo por ocurrir. En este artículo ejerceré de aprendiz de brujo al estimar que concluiremos un 2006 magnífico para el empleo.

Acabo de leer El retorno de los brujos, de Louis Pauwells y Jacques Bergier. Publicado por vez primera en Francia en 1960 por Librairie Gallimard y traducido al español por Plaza y Janés en 1962. Me lo habían recomendado en alguna ocasión, pero, por causas diversas, nunca había encontrado ocasión de adquirirlo. Casualmente, mientras repasaba la sección de ofertas de una de las librerías Beta de Sevilla me encontré con una reedición de 1998 que leí de un tirón para terminar comulgando con su tesis central. Que si en el siglo XIX y a principios del XX la sabiduría estuvo consagrada y fascinada por la ciencia, a finales del XX regresaría el interés por la magia. Que tras el protagonismo absoluto del materialismo y la lógica, lo extraño y lo misterioso volvería a contar para la humanidad. Lo esotérico al mismo nivel que lo exotérico. 'Estamos en relación mágica con el universo, pero lo hemos olvidado', afirma en más de una ocasión.

Miremos pues nuestra bola de cristal. ¿Qué nos dice de la marcha del empleo? Pues que, a pesar de la incertidumbre internacional, de los altísimos precios del petróleo y el repunte de los tipos de interés, nuestra economía sigue marchando razonablemente bien, aunque se mantienen los peligros latentes que tan bien conocemos pero que no somos capaces de erradicar, a saber, altísima inflación, baja productividad, pérdida de competitividad, déficit exterior, y brecha tecnológica.

El balance laboral es muy positivo, pero no hay que olvidar los puntos negros: altísima temporalidad y baja productividad por asalariado

A finales de julio hemos conocido tres datos importantes: la EPA (encuesta de población activa), revisión del cuadro macroeconómico del Gobierno y el resultado del barómetro de empresas. La economía marcha bien, y todo parece indicar que al menos durante los seis próximos meses la fiesta continuará.

Quién nos lo iba a decir. España ya está en la media europea de desempleo. Los datos de la EPA del segundo trimestre de 2006 arrojan una tasa de paro del 8,5%. No hace demasiados años, este porcentaje duplicaba al europeo, y hoy en día es sensiblemente inferior al de algunos países como Alemania (11,1%) o Francia (9,1%). Y terminaremos el año con otra reducción del desempleo, toda vez que los dos sectores que más empleo crean, servicios y construcción, no dan muestras de agotarse.

El balance de empleo debe ser, pues, considerado como muy positivo, aunque no podemos olvidar los puntos negros que oscurecen su brillante trayectoria, como una altísima temporalidad del 34,39%, muy superior a la de los países de nuestro entorno, y una baja productividad por asalariado. Todo apunta a que cerraremos el año con una fortísima creación de empleo y una sensible reducción del desempleo. Para 2007 se prevé una ligera ralentización en el ritmo de creación de empleo, que se mantendrá, no obstante, a un aceptable ritmo del 2,5%, lo que vendrán a significar 500.000 nuevos empleos.

El Gobierno ha elevado sus previsiones de crecimiento para el presente ejercicio y para el próximo. Según estas previsiones revisadas, creceremos este año un 3,4% y algo menos, un 3,2%, en 2007. Tanto la construcción como el consumo moderarán algo su crecimiento, y serán los servicios el sector más dinámico.

Con este crecimiento, superior a la media europea, España continuará convergiendo en PIB y empleo con los países de nuestro entorno. El Barómetro de empresas que realiza Deloitte para El País nos muestra que tres de cada cuatro empresas consultadas piensan que el cuarto trimestre continuará mejorando su cuenta de resultados. Optimismo pues de los empresarios que sólo temen a una brusca subida de los tipos de interés y del precio de petróleo.

Mientras continúe el círculo virtuoso de crecimiento de población / inmigración / crecimiento económico, viviremos en un cuento de hadas. Pero, ¿Y si esto se trunca y vuelven -que algún día volverán- las vacas flacas? Este aprendiz de brujo no sabe responder a esta pregunta y se limita a decir, durante diez o doce meses la cosa seguirá marchando bien. ¿Después? Después, quién sabe.