EDITORIAL

Carburantes e IPC

La subida de los precios del petróleo hasta cerca de los 80 dólares y su permanencia en tales niveles durante varios meses ha dejado de ser una anécdota que empieza a afectar seriamente a la inflación subyacente. Lógicamente, ha impulsado el índice general hasta el 4% en julio. Pero que el núcleo duro del IPC, la tasa subyacente, la que excluye los componentes volátiles como energía, alimentación fresca e impuestos, esté cómodamente instalado por encima del 3% es también consecuencia del petróleo. Sus efectos no se muestran sólo en los carburantes, que están en máximos también por la oportunidad comercial de ser éste el fin de semana de más consumo del año, sino que se han filtrado lentamente en el proceso productivo de las manufacturas y en los costes de los servicios. Ya no hay deflación en los bienes industriales, como hace sólo un año, y los servicios experimentan todos subidas anuales de precios superiores al 3%. Urge un plan detallado de lucha contra la inflación, del que no puede quedarse al margen ningún agente económico, porque lima cada mes cuota de competitividad a las empresas y a las posibilidades de crecimiento futuro.