COLUMNA

Impacto de la inmigración en el mercado laboral

Nuestra economía crece y crea empleo que no es cubierto por los españoles. En consecuencia, vienen trabajadores inmigrantes para satisfacer esa demanda, lo que a su vez realimenta la bomba del consumo. Mientras la fiesta dure, estamos inmersos en pleno círculo virtuoso del empleo, aunque debemos recordar que los periodos de crecimiento nunca son eternos, y que, tarde o temprano, las vacas flacas regresarán. Pero eso será objeto de otro artículo. Ahora analizaremos cuánto del empleo neto creado durante estos últimos años se debe a la inmigración.

El verdadero efecto llamada no es la calidad de vida mostrada en la televisión. Es la demanda de trabajadores. Los inmigrantes acuden allá donde hay empleo. Razones demográficas -caída de la natalidad-, envejecimiento de la población -menos jóvenes y más alto porcentaje de población mayor-, fuerte crecimiento económico en sectores que demandan mano de obra no cualificada (por ejemplo, agricultura intensiva, construcción, servicio doméstico u hostelería, entre otros) y una acendrada hidalguía laboral entre los españoles (no estamos dispuestos a realizar los trabajos considerados inferiores) se combinan entre otras razones para dar como resultado el espectacular incremento de población inmigrante.

Como botón, una muestra. Hemos pasado de una población total española en 1995 de casi 39 millones de habitantes a los más de 43 en 2005. Hace 10 años los inmigrantes eran 700.000, el año pasado ya eran más de cuatro millones y en estos momentos rozarán los cinco millones. La inmigración supone cerca del 80% del crecimiento de la población española. Una auténtica revolución en nuestra estructura poblacional que nos condicionará para el futuro, tanto en lo positivo como en lo negativo.

El verdadero efecto llamada no es la calidad de vida mostrada en la televisión. Es la demanda de trabajadores

Para analizar este fenómeno resulta recomendable leer con detenimiento el excelente trabajo que hace el profesor Josep Oliver en su estudio titulado Efecto llamada e inmigración: razones del choque inmigratorio e impacto en el mercado de trabajo español 1995-2005 recogido en la XXVIII edición del Índice Laboral Manpower, que ya he reseñado en anteriores ocasiones, y que llega, entre otras, a las siguientes conclusiones.

Entre 1995 y 2005, la población activa española ha aumentado cerca de 4,7 millones de personas, de los cuales 2,4 fueron inmigrantes, superando a los 2,3 millones de activos nacidos en España. A pesar del aumento de la tasa de actividad de los nacidos en España producido mayoritariamente en el grupo de edad a partir de 45 años, en especial de mujeres de más de 44 años, el peso de la inmigración se acentúa en el segundo quinquenio. Entre 2003 y 2005, los inmigrantes han aumentado a una tasa media anual superior al 16%, aunque a partir de 1999 la inmigración acelera su avance con más de 400.000 nuevos efectivos al año y un crecimiento medio del 22% anual.

Nuestra economía lleva años creciendo, y todos los indicadores apuntan a que la situación no sufrirá grandes cambios al menos en los dos próximos años, si don petróleo lo permite. De los 6,4 millones de nuevos empleos creados entre 1995 y 2005, la inmigración ha absorbido un 34% (2,2 millones). ¿Qué pasará en el futuro? No lo sabemos, aunque es probable, dado nuestro modelo de crecimiento, nuestra estructura económica y nuestras variables demográficas, que la inmigración continúe creciendo con fuerza.

Y todo este inmenso flujo de trabajadores inmigrantes se ha producido sin ningún tipo de regulación ni previsión. De hecho, la mayoría de ellos entró de forma irregular para ser posteriormente regularizados en cualquiera de las sucesivas regularizaciones que todos los Gobiernos hicieron y que, a tenor de lo visto, continuarán haciendo en el futuro. Como no hay forma legal de entrada, el mensaje urbi et orbe que lanzamos es claro. Entre usted en España como pueda, dado que encontrará trabajo y tarde o temprano será usted regularizado. Ese es el verdadero efecto llamada.

Dado que la inmigración continuará creciendo, debemos aspirar a regular los flujos migratorios. Para ello la actual Ley de Extranjería resulta del todo inútil, sólo obsesionada por blindar fronteras y expulsar a los que logran entrar. ¿Cómo pueden entonces venir legalmente los que necesitamos? Necesitamos una nueva ley inmigratoria ya. Si no, terminaremos pagando las consecuencias.