TRIBUNA

La tranquila junta general de Telefónica

Una de las virtudes de un ex debería ser la prudencia en sus comentarios sobre sus sucesores. Valdría esto para empresarios, políticos o encargados de obra.

En mi caso, jamás he opinado sobre lo que han hecho los presidentes que han tenido la responsabilidad de dirigir la primera empresa de España antes o después de mi tiempo. Pero quiero dejar claro que si tuviera que testimoniar a favor de Juan Villalonga, lo haría, porque apruebo determinados aspectos de su gestión. Y si tuviera que defender al ex ministro franquista Antonio Barrera de Irimo, lo haría sin pestañear. En la acción de los dos encontraría datos positivos para una empresa definitiva para la estructuración de una España moderna. Esa es mi forma de aproximarme a mis sucesores y a mis antecesores.

Desde que está el presidente César Alierta al frente de Telefónica, tiene la delicadeza de invitarme a las juntas generales de la compañía. Lógicamente no le he fallado nunca.

Hace unos días los accionistas de Telefónica conocieron resultados y proyectos por boca del presidente de la empresa. Una gran sorpresa: ha sido la primera vez que no ha habido desórdenes públicos en una junta de Telefónica. Ningún presidente de Telefónica había tenido una junta general tan tranquila. Un directivo de la compañía me dijo: 'Eso es el espíritu Zapatero'. Tenía gracia, pero no tenía razón. Ha sido el resultado de una prudencia y una flexibilidad en muchos asuntos conflictivos que otros (me incluyo) no pudimos o no supimos manejar.

Es la primera vez que para reunir accionistas de Telefónica no hay que convocar -al mismo tiempo- a los furgones de la policía. Algo han mejorado las cosas. Ya estoy soñando con que dure.

La mayoría de las intervenciones en el turno de accionistas fueron de sindicalistas. Me parece una maravillosa evolución: desde el proyecto de destruir el sistema a la meta de convencer a los accionistas en una junta general.

Claro que sé que eso no es así. Esos sindicalistas (que no son de CC OO o de UGT) envían el mensaje de que no se les tiene en cuenta. No plantean que el sistema está equivocado. No. Piden que se les haga caso. Yo no soy nadie en esa casa, pero oído lo oído en esta junta general, les haría caso. Y lo comentaría con los sindicatos de toda la vida. Seguro que lo comprenderían.

En mi opinión, esta junta general ha sido muy importante. Alierta ha pasado de la obsesión de crear valor a la realidad de pagar dividendos.

Llevo tiempo defendiendo que eso de crear valor tiene mucho de potencial engaño bursátil. O de mensaje fuera de tiempo.

Cuando hay burbujas, lo mejor es hablar del valor. Cuando la Bolsa no va bien, lo correcto es hablar de los beneficios distribuibles. Hay presidentes para cada tiempo.

No se puede criticar que un directivo trocee su empresa para sacarla a Bolsa cuando el mercado compra todo. Tampoco se puede criticar al ejecutivo que unifica actividades para reducir costes (y más cosas).

La última junta general de Telefónica es un modelo de mensajes coherentes. Y de racionalidad económica. ¿Pero es eso todo lo que se le pide a Telefónica? Los presidentes de Telefónica son (o hemos sido) definidores de un trozo no pequeño del futuro de España. Todo en cada caso y en cada momento.

Es mentira que una empresa privada pueda hacer lo que le parezca, sólo mirando su cuenta de resultados. Depende de su tamaño y de su impacto social. Telefónica es un buen ejemplo.

Esta pacífica junta general, tiene un pero.

-¿Cómo es posible que diga usted eso cuando se ha incentivado al accionista de la compañía como no tiene precedentes?

-Pues tiene usted mucha razón: hacía falta dar confianza al inversor y se ha hecho bien, muy bien.

-¿Qué deja usted en el aire?

-Algo muy marginal, eso que tiene que ver con los analistas-filósofos y no con los analistas de inversiones.

-¿Qué?

-¿Quién me explica cuál es el futuro del negocio de las telecomunicaciones?

Alierta está sacando rentabilidad de lo que muchos creíamos que era imposible. Ahí tiene un camino seguro.

Pero un ex respetuoso le pregunta: ¿y esto adónde va? 'Esto' es el sector de las tecnologías de información y las comunicaciones. ¿Convergerán todos los medios de intercambiar información? ¿Desaparecerá alguno, por ejemplo el teléfono fijo? ¿Hay banda ancha suficiente en el espectro radioeléctrico o el cable seguirá siendo insustituible? ¿Nos convertimos todos en operadores virtuales? ¿Se puede jibarizar una empresa de telecomunicaciones hasta tender a cero?

Todas estos interrogantes y algunos más, muy parecidos, me planteé al terminar la junta general de Telefónica correspondiente al ejercicio 2005. Y estuve un rato aplaudiendo una reunión accionarial que no tiene precedentes.