TRIBUNA

Un negocio saludable

Los ciudadanos nos ocupamos cada vez más de nuestra salud. Nos gusta sentirnos bien y que quienes nos rodean vean que estamos bien. Todos sabemos que es fundamental tomar buenos alimentos y procurarnos una vida sana. Pero en muchos casos esto no es posible o suficiente. Comemos habitualmente fuera de casa, estamos sometidos al estrés del trabajo y de los continuos desplazamientos, al trajín de las ciudades... Todo ello produce carencias que pueden subsanarse, y de hecho se subsanan, mediante la ingesta de productos complementarios, mejor de origen natural, que devuelven el equilibrio a nuestras funciones biológicas. De ahí su denominación de alimentos funcionales.

Este concepto fue acuñado a mediados de la década de 1980 en Japón. Hoy sus habitantes, que disponen de cientos de productos de este tipo, son los mayores consumidores del mundo: 15.000 millones de dólares el pasado año, 134 dólares per cápita.

Japón no es una excepción. En Estados Unidos, seis de cada diez ciudadanos han intentado cambiar sus hábitos de consumo para comer más sano. Esta actitud colectiva se refleja en el crecimiento de los alimentos funcionales, considerados como un método eficaz de completar la alimentación de una forma saludable. El Instituto de Marketing Natural (NMI) señala que el 65% de los estadounidenses tomó durante 2005 uno o varios de estos productos.

El mercado mundial de la alimentación funcional o enriquecida factura anualmente, según Reuters Business Insights, 45.000 millones de dólares, cifra que podría multiplicarse por 12 en 2010, hasta 550.000 millones de dólares. En Europa este negocio mueve 10.000 millones de euros al año, de los que 1.500 millones corresponden a España. Todo lo cual pone de relieve que las tendencias de consumo de productos alimenticios están cambiando rápidamente y que son más y más los consumidores que optan por controlar y mejorar su salud mediante el aporte de complementos nutricionales.

La pregunta que muchos se formulan es ¿son realmente eficaces y al mismo tiempo sanos los alimentos funcionales? Debemos constatar, en primer término, que todo alimento es funcional, puesto que aporta valor nutritivo, además de sabor y aroma, y tiene un efecto, desempeña una función, en el organismo humano. El Instituto de Nutrición de Estados Unidos define estos alimentos como 'los productos o ingredientes modificados que pueden proporcionar un beneficio para la salud superior al de los nutrientes que contienen'.

Todos necesitamos complementos nutricionales. Y debemos tomarlos con naturalidad, puesto que estamos hablando de productos totalmente naturales. Eso sí, para que un alimento funcional sea reconocido, en rigor, debe estar debidamente documentado como tal. Porque su eficacia y fundamento científicos están probados.

Los estantes de nuestros supermercados muestran galletas ricas en fibra, aguas minerales enriquecidas, concentrados de fruta con las vitaminas diarias recomendadas, y así hasta 200 productos distintos. En la actualidad, gran parte de éstos, un 69%, son lácteos y derivados, debido fundamentalmente al gran empuje de los yogures, en especial con bífidus activo, sustancia reguladora de la flora intestinal, que comercializan la mayoría de los fabricantes.

Empresas de todos los sectores alimentarios han decidido enriquecer sus productos para aumentar sus ventas, rejuvenecer su marca y ganar prestigio. Para ello incorporan productos con nutrientes cuya función se dirige a combatir el envejecimiento celular (antioxidantes), regular el peso corporal, el tránsito intestinal, reforzar las defensas, controlar el estrés, etcétera.

Las posibilidades son prácticamente ilimitadas. Eso explica el auge que se atribuye a este mercado durante los próximos años. Este mismo año, las ventas de alimentos funcionales están experimentando en España crecimientos de entre un 17% y un 30%.

Y es que la salud, el bienestar (wellbeing) se ha convertido en una exigencia operativa en las sociedades avanzadas. Las personas sanas reclaman alimentos para estar mejor, y parecerlo. Todos queremos estar sanos; cuanto más tiempo, mejor. Reclamamos calidad de vida hasta el final.