COLUMNA

Estatuas ecuestres

Preguntado al efecto el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, se ha declarado partidario de retirar la estatua ecuestre del general Franco erigida en la Academia Militar de Zaragoza. Recordemos que Franco fue director de la Academia en su segunda etapa, iniciada en 1927 durante la dictadura de Primo de Rivera, y clausurada cuatro años después, en 1931, tras el advenimiento de la República. Fue en esa ocasión cuando se dirigió a los alumnos formados en la plaza de armas para subrayar el carácter de la milicia como religión de hombres honrados y unirse al poeta que proclamaba aquello de 'aquí la principal hazaña es obedecer'. Sus palabras encomiando la disciplina, más aún cuando la arbitrariedad va unida a la acción del mando y el ánimo pugna por rebelarse, han sido citadas innumerables veces.

Franco, a pesar de su impecable sometimiento al régimen disciplinario, había sido un alumno en absoluto brillante en la Academia de Infantería de Toledo. Allí, en el Alcázar, estuvo también ubicada la Academia General Militar durante su primera etapa, que duró de 1882 a 1893. Eran tiempos del rey Alfonso XII, era ministro de la Guerra el general Arsenio Martínez Campos y su primer director fue el general Galvis. Recordemos que el número obtenido por Franco en su promoción se encontraba en el último cuarto del total de los que obtuvieron sus despachos de subtenientes. Otra cosa es que después siguiera una carrera meteórica de ascensos por méritos de guerra durante la campaña bélica desarrollada en el Protectorado de Marruecos, cuando luchábamos con las kábilas rebeldes del Rif.

En cuanto al palmarés académico del joven Franco, es notable que no registre ningún curso de los que son tan frecuentes en la profesión militar, ni tampoco que pasara por la Escuela de Estado Mayor para obtener su diploma y ceñirse la faja distintiva. Que se sepa, tan sólo tomó parte en un curso de tiro en Valdemoro, en el mismo lugar donde hoy se encuentra el Colegio de Guardias Jóvenes de la Benemérita. Pero fue en ese curso de tiro donde conoció a Millán Astray, al que se uniría después para fundar la Legión Extranjera siguiendo el modelo francés por el que estaban deslumbrados. Por eso, en Zaragoza Franco se apoyó en la competencia del coronel Campins, al que promovió como jefe de Estudios de la Academia.

La más temprana de las efigies ecuestres de Franco se realizó en Madrid para el Instituto Ramiro de Maeztu

Años más tarde, el 18 de julio de 1936, Campins, ya general, estaba al frente de la División de Granada donde mantuvo el orden sin que se registraran alteraciones ni arbitrariedades ni se vertiera la sangre de nadie, pero el general Queipo de Llano consideró tibia su actitud y procedió a fusilarle. Su esposa intentó la mediación de Franco para evitarlo pero no consta que pusiera su empeño para salvarle. Tuvieron que pasar más de 50 años para que otro general Campins, nieto del fusilado, fuera invitado a intervenir en la Academia de Zaragoza y allí pudiera hacer una emocionante reivindicación de la admirable trayectoria de su abuelo.

Pero volvamos a la estatua ecuestre, cuya pronta retirada se anuncia, para señalar que la iniciativa de erigirla correspondió al Ayuntamiento de Zaragoza mediante la convocatoria de un concurso en 1942 dotado con 15.000 pesetas, que fue fallado en 1944 a favor del escultor Moisés de Huerta conforme a un proyecto que sólo pudo culminarse en 1948. Antes hubo de vencer muchas dificultades para atender los encarecimientos sobrevenidos al presupuesto original y superar la falta de los materiales necesarios -6.500 kilogramos de bronce y 500 de parafina-, que al final le proporcionó el Ministerio del Ejército.

Según aclara Moisés Bazán de Huerta, la más temprana de las efigies ecuestres de Franco se realizó en Madrid por encargo del Ministerio de Educación Nacional para el Instituto de Enseñanza Media Ramiro de Maeztu. Su autor es el escultor navarro Fructuoso Orduña y fue inaugurada en 1942. La más difundida es la realizada por el escultor valenciano José Capuz a mediados de los años cincuenta con destino al proyecto del Arco de la Victoria a las puertas de la Ciudad Universitaria de Madrid. Sin embargo, por expreso deseo del conmemorado, nunca sería instalada en el emplazamiento previsto y acabó haciendo escala técnica a partir de 1959 en el Ministerio de la Vivienda por decisión de quien fue su primer titular José Luis Arrese. Tal vez Franco tampoco hubiera querido estar a caballo en Zaragoza, igual que evitó cabalgar en bronce en el Valle de los Caídos. Continuará.