Aeropuertos

Las normas de la City dejan un resquicio a la contraopa

El mercado apunta que la amenaza de Goldman flaquea, pero exige a Del Pino aportar valor al operador británico

El cuartel general de Ferrovial en Madrid cantaba ayer victoria por la compra de BAA. Sin embargo, técnicamente aún es posible que una contraoferta trunque la opa que tiene en curso la constructora española por el grupo británico de aeropuertos.

El City Code on Takeovers and Mergers, la ley de opas de Reino Unido, deja vía libre a una oferta competidora. Y, es más, según el calendario establecido, el único caballero blanco que ha aparecido en el proceso, el banco de negocios Goldman Sachs, tiene nueve días para sopesar si hace firme la propuesta que lanzó en la madrugada del lunes. Ofreció más que el grupo de la familia Del Pino, 955,25 peniques por acción de BAA. Sin embargo, la cúpula del gestor de aeropuertos prefirió la oferta de Ferrovial.

Una de las razones clave para BAA ha sido el tiempo. La compañía británica llevaba ya meses como posible blanco de opas antes de la llegada de la empresa española. En este escenario en el que acabaría siendo comprada en cualquier caso, la cúpula de BAA ha valorado que la oferta de Ferrovial es la que se puede materializar en más corto plazo de tiempo, en este caso, 19 días.

En el caso de Goldman Sachs, ha analizado que su oferta nunca ha sido firme y si la registrara empezaría un proceso que duraría al menos 80 días. A esto se une que la escasa diferencia que separaba las dos propuestas de precio la salvaba Ferrovial como comprador no sólo financiero sino con un plan industrial.

La Bolsa también respaldó la oferta y la acción de BAA volvió a marcar ayer su tercer máximo en menos de una semana. Cerró con una subida del 2,16%, hasta 948 peniques, con lo que se acerca al precio de la opa española.) del grupo español.

En cambio, el mercado penalizó a Ferrovial con una caída del 4,69%. Esto refleja la opinión mayoritaria de los analistas: el grupo que preside Del Pino va a pagar muy cara su compra, un 15% más por encima del precio inicial que planteó. Y a corto plazo algunos esperan que siga haciendo mella en el valor. Por esta razón, consideran que la compañía tendrá que demostrar que su gestión va a aportar valor al operador británico.

Cuando materialice la adquisición se encontrará con varios frentes complicados que gestionar. Y uno de los más importantes es cómo va a estructurar la deuda que financiará la compra para que no tenga impacto en el importante plan de inversiones comprometidas que tiene BAA, por 16.000 millones de euros. De momento, Standard and Poor's ha bajado el rating del operador y Fitch le ha puesto en vigilancia negativa, lo que penaliza los bonos de la compañía.

Por otro lado, afrontará la venta de activos en la que los aeropuertos australianos aparecen como firmes candidatos. Y en Reino Unido, tendrá que lidiar con la amenaza de expediente de las autoridades de competencia y la batalla de las aerolíneas baratas que claman por una rebaja de tarifas.