Wall Street

Goldman Sachs, una cultura que encaja en la Casa Blanca

Henry Paulson es sólo el último de los miembros de la entidad llamado para un cargo público

Henry Paulson, el candidato del presidente George Bush para ser el nuevo secretario del Tesoro de EE UU, va a tener que sacar algo de tiempo para posar para un cuadro que se colgará en la sede de Goldman Sachs en la zona sur de Manhattan. Aunque el senado aún tiene que aprobar su nombramiento, no se espera que surjan problemas. Además, en Goldman ya han elegido a su sustituto. Su retrato, por tanto, será colgado pronto al lado de sus antecesores en la presidencia de la compañía. Muchos de ellos con un destino similar que el de Paulson: Washington.

Y es que Goldman Sachs es algo más que la más admirada firma de Wall Street para la que todo el mudo desea trabajar. Esta entidad ha sido una cantera de altos cargos a lo largo de su historia. Ya en los años cuarenta uno de sus socios séniors, Sidney J. Weinberg, comenzó su andadura por Washington asesorando a Franklin D. Roosevelt. En 1957 dijo que era el deber 'de un hombre de negocios, dar parte de su tiempo y su talento al servicio público, antes y después de retirarse, a nivel nacional, estatal o local'.

Con semejante impronta histórica, la tradición se mantiene más fuerte quizá que nunca en la administración de George Bush. Además de Paulson, el jefe del gabinete de la Casa Blanca, Joshua Bolten, es un ejecutivo procedente de Goldman Sachs, así como también lo son Stephen Friedman, consejero para Asuntos Exteriores y anteriormente presidente del Comité Económico Nacional, y Reuben Jeffery, que fue elegido por Bush para la presidencia de la Comisión de Materias Primas y Futuros.

Bill Clinton también buscó en esta misma casa de Wall Street a su celebrado secretario del Tesoro, Robert Rubin, y al subsecretario, Gary Gensler. Ronald Reagan tuvo como subsecretario de Estado a John Whitehead. Otro directivo de Goldman, Jon Corzine, se convirtió en senador y, desde enero, en gobernador de Nueva Jersey. Más aún, Mario Draghi, el gobernador del Banco Central de Italia, es un ex Goldman.

En su libro, Goldman Sachs: la cultura del éxito, publicado en 2000, Lisa Endlich, una ex empleada de la entidad, afirma que Weinberg dejó implícito que el servicio público es algo a lo que todos tienen que aspirar por lo que estar en Goldman era algo parecido a ser un clan como lo son los Kennedy o los Bush.

Esta cultura se traslada a la forma en la que se contratan a sus empleados y cómo se trabaja dentro de la firma, según declaraba Corzine a un diario estadounidense. Goldman trata no sólo de atraer a personas que quieren hacer dinero sino a aquellos que consideran que el éxito está más allá de hacerse millonario. Whitehead, que es ahora presidente para el desarrollo de la Zona Cero de Manhattan, pedía a los empleados que su objetivo fuera más que ganar dinero.

La firma que se ha ganado parte de su prestigio por ser considerados como duros trabajadores, patrocina la cultura del trabajo en equipo y, según Bolten, se evita el pronombre personal en primera persona para tener a raya el ego. Según el jefe del gabinete, quien tiene el ego bajo control es mejor líder.

Pese a toda esa aura, la firma no está alejada de la crítica. De hecho, el estar en tantos centros de decisión de poder ha generado más que una controversia. La última y más sonada es por el papel jugado a ambos lados del acuerdo que protagonizó el NYSE al ser asesor de la Bolsa, para comprar Archipelago, compañía participada por Goldman. La operación enfureció a muchos, pero John Thain, presidente de la Bolsa, siguió con ella. Por cierto, Thain, es otro ex directivo de Goldman.

Los riesgos, la pasión del nuevo presidente

Cuando en seis u ocho semanas el Senado apruebe el nombramiento de Henry Paulson, Goldman Sachs hará oficial la designación de Lloyd Blankfein como nuevo presidente y consejero delegado. Así lo acordó el consejo el pasado viernes.

El nombramiento de quien desde 2003 era el candidato a sustituir a Paulson no ha sorprendido, aunque la decisión se vio precedida del debate de si tendría que nombrarse por un lado a un presidente y, por otro, un consejero delegado. Finalmente, Blankfein aunará los dos títulos.

Así, este hombre que representa a la cultura de la intermediación en Goldman, frente a la de la banca de inversión que personifica Paulson, se hace con las riendas de una entidad que le debe parte del éxito en los últimos años. Ha sido Blankfein el artífice del acercamiento al riesgo que ha protagonizado esta entidad para subir sus márgenes con operaciones de intermediación en las que usa su capital para invertir apostando en movimientos de divisas o tipos y arriesgando como hedge funds.

La firma ganó 5.630 millones de dólares en 2005, y no sólo por ser líder en operaciones de fusiones. A Paulson se le retribuyó con 38,5 millones de dólares y a Blankfein con 38.