Secretos de despacho

Canalejo, rodeado de recuerdos

Dirige ahora su bodega con los mismos muebles que tenía cuando presidía Alcatel

Hace casi seis años abandonó, 'por voluntad propia', la presidencia de Alcatel. Desde entonces, Miguel Canalejo, ingeniero industrial nacido en Pamplona hace 64 años, no ha parado ni un instante porque ha estado poniendo en marcha su propia bodega, Pago de Larrainzar. Se trata de un proyecto familiar, en el que también están implicados dos de sus cinco hijos, 'en el que hay un componente emocional, a pesar de que yo soy muy racional, muy fuerte porque es hacer realidad un sueño que he tenido durante toda mi vida'.

La bodega, diseñada por el arquitecto Fernando Redón, está situada en Ayegui (Navarra), en una finca familiar, en la que lleva invertidos tres millones de euros y que tendrá una capacidad de producción de 100.000 botellas anuales. 'Hasta ahora no he vendido ni una botella. æpermil;ste es un proyecto patrimonial importante, es el antipelotazo. Lo que quiero es construir una marca reconocible y que tenga personalidad', matiza.

El primer vino, en una edición inicial de 17.000 botellas, verá la luz el próximo mes de septiembre, y está previsto que el 50% de su producción se venda fuera de España, sobre todo en Estados Unidos y países nórdicos. 'Quiero que vaya dirigido a un nuevo grupo de consumidores, a aquellos que estén descubriendo el mundo del vino, pero lo más importante es que me guste a mí', afirma este ejecutivo desde su despacho madrileño.

La estancia es amplia, luminosa, cómoda y, para Canalejo, repleta de recuerdos. 'Toda mi vida profesional la tengo aquí. Miro a mi alrededor y veo toda mi trayectoria'. Precisamente, cuando se marchó de Alcatel y por el apego que le tiene a sus cosas, pidió que le vendieran los muebles con los que había convivido durante 17 años. 'No echo de menos la vida que llevaba como ejecutivo porque era muy intensa. Yo hacía una media de 200 vuelos internacionales, lo he pasado muy bien, pero no miro hacia atrás'.

Ahora se siente satisfecho con sus nuevos cometidos, entre otros, 'asesorando a otros gestores a través los consejos en los que estoy'. Miguel Canalejo es consejero de SKF Española, Marsh, æpermil;logos, Telefónica Móviles, Unión Fenosa y Azkoyen. Además es presidente de Nazca Capital y de Bodegas Vinartis. También colabora en obras de acción social como vicepresidente del patronato de la ONG Plan Internacional España. El mismo día de la entrevista, el jueves, acababa de llegar de un viaje solidario por Singapur. 'Ahora me da tiempo de ocuparme de otras cosas, aunque también sé que toda esta actividad es transitoria'. Porque el verdadero sueño de Canalejo es pasearse por sus viñedos, además de dejar un legado y un patrimonio, pero sobre todo 'una manera de gestionar y de hacer las cosas'. Y sobre estos asuntos asegura que si algo ha aprendido de su trabajo en las compañías en las que ha desempeñados altos cargos directivos, entre ellas Unión Carbide Corporation o la Sociedad Anónima Navarra de Desarrollo e Inversiones (Sande), es a trabajar en equipo.

'Es imposible que alguien domine todos los instrumentos porque nadie es experto en nada. Yo no he sido un gran ingeniero ni he destacado en ningún trabajo, pero he sido bueno seleccionando a los mejores profesionales'. Por el contrario, de lo que él se ha ocupado es de tener una visión de negocio y una estrategia, para después dejar a cada uno hacer su trabajo. Compara su tarea directiva con la de un director de jazz, más que de orquesta sinfónica. Y explica la matización: 'En el jazz hay mucha más creatividad y se deja espacio para la improvisación, mientras que en la otra todo es mucho más rígido'.

Asegura que su marcha de Alcatel fue premeditada. 'La compañía estaba en su mejor momento, había batido todos sus récords, y yo ya no tenía nada que hacer, así que decidí irme. Era la mejor ocasión'. Y se fue, con el jazz y los muebles a otra parte. 'Pensé que rodearme del mismo mobiliario y de sus recuerdos, me serviría de acompañamiento'.

El dibujo del consenso

Tiene presente todo lo que ha hecho a lo largo de su trayectoria. Lo que ha hecho bien y lo que no supo gestionar. 'Es bueno acompañarse de los éxitos y de los fracasos', afirma. Miguel Canalejo tiene en un lugar especial un dibujo que le regaló un miembro de los sindicatos. æpermil;l mismo lo relata: 'Estábamos negociando la reconversión de Standard compañía de la que fue consejero delegado. Era un momento delicado porque se decidía la jubilación de 6.000 personas. Había representantes de Telefónica, los sindicatos, Alcatel y el Gobierno'. El proceso resultó bien, y uno de los componentes del grupo que representaba a los trabajadores le regaló un dibujo, que refleja lo complicado de un proceso de este tipo, pero que al final se simplifica con una suma: 'que dos más dos siempre suman cuatro'. El dibujo aparece firmado por todos los que llevaron a cabo la negociación.

También muestra con orgullo el premio que le concedió la sociedad gastronómica navarra Napardi, que cada año elige por San Fermín a la persona a la que le ofrece el Gallo de Oro de San Fernín, por su contribución como navarro y pamplonica.