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Los héroes del desarrollismo forzoso

'Su vida le recordaba a los pollos que asaban en un bar de Estrecho: daba muchas vueltas y no tenía ni pies ni cabeza. Amaba a Rosaluz, pero no le podía ofrecer más que unas hazañas, limitadas por tierra a la glorieta de Cuatro Caminos, por mar a la orilla de la piscina del Parque Sindical, y por aire a la noria del Barrio del Pilar, a la que subía con intención de tocar el cielo con los dedos. Eso era todo. Eso era nada, por mucho que dijera el cura'.

Esos eran los límites de la civilización para millares de hombres solos y familias enteras que llegaron como cantos arrastradas por la corriente de la industrialización a las grandes ciudades españolas en los sesenta, y a los que les costó echar las suficientes raíces como para sentirse en su territorio.

Germán Temprano (León, 1962) relata en su primera experiencia narrativa Las miserias del héroe las aspiraciones de toda una generación maniatada sociológicamente al corsé autoritario de la Dictadura, pero que empezaba a atisbar la sopa boba del progreso. Dibuja con prosa colorida y divertida una época de blanco y negro, en la que toda España era profunda, en la que las ambiciones de unos héroes se perdían porque el campo de batalla se quedaba pequeño, y las de otros se ahogaban en la pasividad y el desarraigo, y afloraban convertidas en las frustraciones más tradicionales.

El relato gira alrededor de un padre de familia que recala en el Madrid pueblerino de los sesenta, empujado por la misma miseria que vació los pueblos castellanos, extremeños, gallegos y andaluces a la búsqueda del dorado, y cuya personalidad se descompone por el schok de un futuro que le descose las costuras. Se aferra a su paupérrimo estatus y se protege del porvenir; se refugia en las viñetas imaginativas de los tebeos a través de la niñez de sus hijos, y desprecia la vida acelerada y viciada que presagia la televisión, y que escenifica el autor en los pobres nuevos ricos regresados de Alemania y Suiza, como un anticipo de lo que a una desgraciada generación de españoles les venía encima.

La novela es un recomendable y singular testimonio del tránsito inevitable de una sociedad pivotada en los lazos de la familia, los barrios y la amistad, a un individualismo feroz, posindustrial y desintegrador, en el que se ha diluido la media España rural que se inyectó con desorden en las urbes hostiles.