Cotización

El rumor de opa acerca Altadis al precio previo a la guerra del tabaco

Altadis recupera el pulso. La tabacalera hispanofrancesa cumplió ayer siete jornadas consecutivas al alza, tras las que acumula una revalorización del 6,15%. Los rumores de opa han devuelto al valor a niveles próximos al estallido de la guerra de precios en enero pasado.

Se repite la historia. La expectativa de que Altadis sea comprada por su rival británico Imperial Tobacco está calentando la cotización hasta el extremo de devolverla al punto de partida de la famosa guerra del tabaco, que estalló en enero cuando el Gobierno decidió endurecer la fiscalidad del tabaco.

Ya en marzo los mismos rumores tiraron de la acción hasta los niveles actuales, antes de perder tres euros y medio (un 9,7%) en tres semanas. Ahora, tras siete jornadas seguidas al alza, el valor ha subido un 6,15% y ayer cerró a 38,34 euros, a sólo un 2,37% de recuperar el máximo del año.

El motor de la acción lo constituye la posibilidad de la opa, algo que siempre ha pesado en un sector en el que el proceso de concentración aún están pendientes.

Los fundamentales de Altadis provocan, sin embargo, que el optimismo se rebaje notablemente entre los expertos del sector. Así lo ve Morgan Stanley: 'Altadis está cara para nosotros, cotiza con una prima del 9,7% sobre el sector, respecto a nuestros cálculos para 2007'.

La valoración de Morgan Stanley es de neutralidad y el precio objetivo a 12 meses vista se limita a 36,5 euros, un 4,79% por debajo del precio de cierre de ayer.

Los efectos de la 'guerra'

Los efectos de la guerra amenazan con ser duraderos. Goldman Sachs calcula que el beneficio de explotación de Altadis se verá reducido un 3% y que la tabaquera tardará tres años en recuperarse. 'No vemos catalizadores más allá de una potencial integración', advierte el banco.

El pasado 20 de enero, el Consejo de Ministros aprobó dos subidas de los impuestos del tabaco. Una, la llamada ad valorem, del 54,95% al 55,95% sobre el precio del tabaco; la otra, consistió en elevar de 4,2 a 6,2 euros por cada 1.000 cigarrillos.

La decisión desató una inesperada de guerra de precios entre las grandes. Sorpresivamente, Marlboro apostó por bajar el precio de la cajetilla de cigarrillos, a costa de reducir los márgenes. Altadis se vio obligada a secundar la medida y entrar en la batalla. El siguiente capítulo de la guerra fue rocambolesco. Un error de una serie de diputados del PSOE propició la derogación de la medida en el Congreso el 9 de febrero y al día siguiente, el Consejo de Ministros aprobó una nueva fiscalidad a la medida de los grandes: el impuesto ad valorem se elevó al 57%, el específico a 8,2 y, además, se impuso un mínimo de 1,10 euros por cajetilla.