EDITORIAL

Una oportunidad para la paz

El 'alto el fuego permanente' declarado ayer por la banda terrorista ETA ha sido recibido por las fuerzas políticas, sociales y económicas del país con una mezcla razonable de esperanza, recelo y cautela. La de ayer no es, ni mucho menos, una rendición incondicional ni una carta blanca para la paz. Pero sí un primer paso que podría desembocar en el fin definitivo de la violencia. Esta esperanza, reivindicada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como derecho colectivo, unificó ayer voluntades tan dispares como las del popular Jaume Matas, el lendakari Juan José Ibarretxe o el presidente francés, Jacques Chirac.

Zapatero reconoció que el proceso que se abre ahora será 'largo y difícil', y pidió la unidad de todas las fuerzas políticas para recorrer juntos este proceloso camino. Un llamamiento a la unidad que tiene como principal destinatario al Partido Popular de Mariano Rajoy. El primer grupo de la oposición es la única de las fuerzas políticas de todo el arco parlamentario que se ha mostrado, a priori, reticente a respaldar este proceso. Pero es de esperar que el líder popular acepte la mano tendida ayer por el presidente del Gobierno.

El líder del PP tiene razón al señalar que ETA ya ha declarado en el pasado treguas que resultaron ser trampas para ganar tiempo y reforzarse. De hecho, la mera escenificación del comunicado sirve como doloroso recordatorio de quiénes son sus emisarios y cuáles sus reivindicaciones: tres individuos encapuchados sentados ante una mesa en la que figuran los escudos de las tres provincias vascas, de Navarra y de los tres territorios del suroeste francés que ETA sigue considerando como parte integrante de Euskal Herria.

Sin embargo, es evidente que éste no es el momento para enrocarse en los fracasos pasados, sino de sumar fuerzas en el añorado camino hacia la paz. Mariano Rajoy tiene la obligación de estrechar la mano tendida ayer por el presidente del Gobierno y dejar para otra ocasión el oportunismo político cortoplacista. José Luis Rodríguez Zapatero, por su parte, debe aguantar esa mano tendida el tiempo que sea necesario y no echar en saco roto las advertencias que emanan de la oposición.

La cautela reclamada ayer a los cuatro vientos por el conjunto de los partidos políticos y fuerzas sociales también presidió el mensaje de uno de los colectivos más castigados, desde todos los puntos de vista, por ETA, el empresariado vasco. Los mensajes lanzados por sus portavoces fueron claros, directos y realistas. Primero, el alto el fuego debe ir acompañado por el fin de la extorsión económica que continúa practicando día a día la banda terrorista. Segundo, los partidos políticos han de gestionar con acierto esta situación.

Todo parece indicar que estamos ante una ocasión histórica de acabar con la mayor lacra de la España moderna, algo que nadie puede permitirse el lujo de dilapidar. Para lograrlo, es necesario aplicar la cautela, la prudencia y la inteligencia, que son las mejores compañeras en estos peligrosos y trascendentales viajes.

Estamos hablando de una oportunidad para la paz.