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Crisis discográfica en un año de mejora de la creatividad

La crítica habla de un 2005 productivo y de decadencia de lo comercial

El retorno del rock guitarrero, la creciente sensación de decadencia de la música comercial y la asunción definitiva de que la industria debe encontrar caminos alternativos son las conclusiones que ofrece el ejercicio 2005 en el terreno discográfico. Un balance contradictorio: mientras en el plano de la creatividad se habla de un año productivo y no faltan grupos que encuentran su nicho incluso regalando su música por internet, crecen los vaticinios sobre hecatombes en el entorno de las casas discográficas, dado el crecimiento continuado de la piratería en sus diferentes facetas -callejera o a través de la red-.

Tras años de hegemonía de la electrónica y sacralización del selector, el DJ, en detrimento del creador, el músico, la tendencia ha comenzado a cambiar claramente este año. 'Es difícil asegurar que se trate de algo más que una moda, aunque desde luego supone un soplo de aire fresco', afirma el crítico y especialista Alberto Bravo. La consecuencia ha sido la elevación a los altares de algunos discos recientes como el séptimo trabajo del trío femenino grunge Sleater-Kinney, The woods, o la consolidación de Franz Ferdinand como el grupo de referencia del panorama inglés, pese a tener un sonido más duro que el del brit-pop habitual. Grupos en esta línea aunque con sus propias personalidades bien distintas, como The White Stripes o Wilco, parecen consolidados como los referentes para los próximos años.

También 2005 puede destacarse como un año de retorno al panorama de los cantautores, o al menos de eclosión a una cierta escala popular de cantantes de folk más influidos por los arreglos rockeros. Illinoise, de Sufjean Stevens, ha sido considerado casi unánimemente por la crítica estadounidense como el mejor disco del año, además de por su calidad y originalidad, por la ambición del músico. Se trata del segundo trabajo en un proyecto por dedicar un álbum a cada uno de los 50 estados de la Unión. Devendra Banhart, de sólo 24 años, también ha repetido con su cuarto trabajo los elogios cosechados por los precedentes.

Uno de los triunfadores más singulares del año es sin duda Antony Hegarty, líder de Antony and the Johnsons. Su voz y su personalidad, ambiguas y repletas de matices contradictorios, han seducido en todo el mundo, incluyendo a padrinos como Lou Reed o Boy George, y el singular crooner aparece como uno de los triunfadores del momento.

Los éxitos comerciales de los grandes de la música este año no han ido, por lo general, refrendados por una igual recepción de la crítica. Los trabajos de U2, Bruce Springsteen o Madonna han sido considerados en general como continuistas con sus álbumes previos, aunque también han mantenido el caché de todos ellos. En comparación, pueden considerarse como relativos pinchazos las novedades de 2005 de Oasis, Coldplay o especialmente REM, todos ellos aspirantes al título de mejor banda del mundo en la última década y que parecen haber entrado en un cierto callejón sin salida creativo.

En España, la crítica aún no ha dado a conocer sus balances, aunque puede hablarse de la confirmación de algunos fenómenos masivos como los de Amaral o Estopa, así como la consagración de las nuevas formas de flamenco chill con el éxito de los segundos discos de los grupos más representativos de esta tendencia, El Bicho y Chambao. También queda claro que la música más comercial y veraniega es la más afectada por el fenómeno del top manta, con ventas bastante inferiores a las de años precedentes e incluso la derrota en cuanto a popularidad a manos de un politono, el Crazy frog. Tal vez porque lo que valía poco artísticamente, para un amplio sector de consumidores, ya no vale nada económicamente, al poder conseguirlo sin comprar el disco.

En España se confirman fenómenos como los de Amaral o Estopa

Los pequeños sufren más

Por el momento, las consecuencias de la crisis, con una caída de ventas en torno al 20%, a falta de estimaciones concluyentes del ejercicio, están siendo sobre todo pagadas por un recorte en los costes de promoción y por las pequeñas tiendas, que están siendo empujadas a cerrar masivamente.

Ana Álvarez, de la madrileña Tony Martin -que cumple este año 30 años-, reparte responsabilidades: 'Las casas discográficas no han bajado los precios, pese a recortar costes. Son como ministerios: sin imaginación, sin capacidad de tomar decisiones alternativas. Además, ofrecen condiciones de precio sustancialmente mejores a las grandes superficies comerciales, dificultando la competencia de las tiendas especializadas, que apostamos por la calidad'. Álvarez pone como ejemplo la decisión de David Sylvian, uno de los músicos más originales de los últimos años, que ha roto con su casa discográfica para editar sus trabajos por cuenta propia y distribuirlos bajo pedido.

Pepe Escribano, de Escridiscos, ofrece una opinión complementaria: 'Nosotros abrimos una nueva tienda ahora, porque ofrecemos rock de calidad, no la basura que se oye en las radiofórmulas, y esa música sigue teniendo mercado. Entre las discográficas y las emisoras de radio han destrozado un gigantesco negocio, y se muestran incapaces de reaccionar ofreciendo algo distinto: calidad, por ejemplo'.