Reinventar la aviación comercial
Vivimos un mundo en pleno cambio y el sector de la aviación es un buen ejemplo de ello. En los últimos años el negocio de las aerolíneas ha sufrido una profunda transformación, convirtiéndose en uno de los principales motores de la economía mundial gracias a su cada vez mayor accesibilidad. La industria es hoy un negocio global y necesita soluciones globales a sus problemas.
Pocos sectores tienen un recorrido histórico tan apasionante, desde el punto de vista empresarial, como el de la aviación. Y pocos se enfrentan, en periodos de tiempo tan cortos, a tantos cambios como una aerolínea. Además de la incertidumbre creada por los avatares de economía mundial, que afecta al conjunto de las empresas, las aerolíneas se han visto supeditadas a nuevos competidores con menores costes, a nuevos retos y, por supuesto, a nuevas formas de hacer las cosas. Han entrado en escena adversarios inexistentes en el pasado, como los trenes de alta velocidad y compañías de bajo coste, que han contribuido a conformar un mercado en el que la evolución de la productividad ha marcado, y seguirá haciéndolo, el éxito o el fracaso de muchos proyectos. Hablar de futuro significa, en esta coyuntura, ser capaz de adaptarse a los cambios, condición sin la cual la posibilidad de seguir adelante en el mercado simplemente desaparece. Y tenemos numerosos ejemplos de ello.
No es exagerado decir que, para mantener la competitividad, las aerolíneas han tenido que reinventar la aviación comercial, actuando sobre los costes y mejorando a la vez la calidad que habían dejado de lado las compañías sin servicio. De esta manera, se están trasladando los menores costes de las empresas a los clientes en forma de billetes más baratos, porque el consumidor exige estos precios.
Gracias a esta accesibilidad en precio, el número de personas que vuelan es cada año mayor. Las cifras de tráfico de pasajeros a nivel mundial no hace más que crecer, de manera que la aviación se ha convertido en uno de los principales motores de la economía mundial. Según datos de IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo), en los últimos 10 años las tarifas han bajado en torno al 30% en Estados Unidos y Europa, lo que hace que volar sea hoy más accesible que nunca. Las aerolíneas generan cuatro millones de empleos en todo el mundo y el 4,5% de la riqueza mundial. Ninguna otra industria a nivel mundial ha contribuido más al desarrollo que la aérea, uniendo mercados, países y facilitando el turismo. Y, probablemente, ninguna lo hará en el futuro.
Pero si antes decíamos que la industria aérea ha tenido que reinventarse a sí misma para superar las crisis de los últimos años y seguir siendo rentable, después de haber hecho sus deberes reduciendo costes en todos los epígrafes posibles, hoy necesita seguir trabajando y para ello es fundamental que los Gobiernos cambien de actitud. Porque ya no es un bien sólo accesible a una élite, sino un servicio que, en los últimos años, ha experimentado una profunda transformación y al que necesita acceder cualquier ciudadano; de ahí que no pueda ser gravado ni tratado como un artículo de lujo. La industria de la aviación es un negocio global y necesita soluciones a nivel internacional.
IATA ha propuesto una serie de cambios fundamentales para el éxito del negocio. Para empezar, ni los pasajeros ni las compañías pueden seguir soportando el peso desproporcionado de las tasas impuestas por los Gobiernos, y mucho más cuando las aerolíneas sin servicio son tratadas de manera preferencial o incluso subvencionadas por volar a ciertos destinos. Las compañías, además, necesitan libertad para gobernar sus negocios de manera global, sin fronteras aéreas inexistentes en la superficie. Europa, como EE UU, necesita que por fin se haga realidad el acuerdo comercial de cielos abiertos, tanto como un cielo único en Europa.
Las compañías van a seguir cambiando, trabajando por adaptarse a las necesidades de los clientes, del turismo y del comercio internacional. Ahora les toca a los Gobiernos allanar el camino por su propio interés y el de la economía global. Las aerolíneas crean empleo y crean riqueza. No pueden ser meros mecanismos de recaudación.