TRIBUNA

Son varios los avisos, pero somos perezosos

Los disturbios que hace dos semanas han estallado en barrios de muchas ciudades francesas tienen multitud de explicaciones, según el autor, quien analiza el fenómeno y sostiene que en Francia se advierte hace tiempo la llegada de estos problemas, pero los políticos del país están en otras guerras

Hace algo más de un año alcanzó notoriedad mundial un libro escrito por Corinne Maier -una economista francesa empleada a tiempo parcial de EDF, la compañía pública de electricidad francesa- llamado Buenos días pereza, el arte y la necesidad de hacer lo menos posible en la empresa. Su título hace innecesario resumir el contenido. El libro es objeto de culto entre los profesionales franceses que trabajan en compañías que prefieren prejubilar a sus empleados antes que despedirlos. Algún tiempo después, un buen número de jóvenes sin empleo, de etnias distintas de los anteriores, habitantes de los barrios periféricos de París, prende fuego a los coches de sus vecinos, a las instalaciones educativas y sociales que el Estado ha localizado cerca de sus viviendas para integrarlos en la sociedad francesa y a las tiendas que venden los productos de los países de origen de sus familias.

Un repaso a la prensa y a los blogs más populares resulta necesario para ver qué se piensa de estos disturbios. Las tomas de posición de sus autores son contundentes, las dudas pocas. Casi todo el que escribe ha encontrado las razones de la revuelta sin dificultad. La derecha atlantista encuentra los culpables tras una oscura conspiración de fanáticos islamistas. Los globalizadores entienden que el problema no es otro que las leyes laborales francesas que impiden que descienda el 40% de paro existente entre los habitantes de los barrios periféricos. Los antiglobalizadores defienden que el problema radica en la explotación de los pueblos oprimidos que actúa en un doble frente: impidiendo el desarrollo de las naciones más pobres y manteniendo altas tasas de paro entre los inmigrantes para mantener bajos los salarios.

Para la derecha francesa y europea no hay otra explicación que laxitud en la política inmigratoria. La extrema derecha, no explica razones, recuerda que si Le Pen fuera presidente esto no estaría pasando. Los bienintencionados afirman que si los programas sociales y la policía de proximidad se hubiesen potenciado en los barrios tal como pretendía Jospin, los jóvenes estarían más integrados.

El ministro del Interior francés ha dicho que se trata de motines provocados por la chusma. Los socialistas franceses no han entendido nada, y si lo han hecho aún no nos lo han participado. No ha faltado quien afirme que se trata de una Intifada a la francesa, y que ahora van a conocer los pro palestinos franceses lo que vale un peine.

Los exportadores de fruta españoles seguramente no le han dado mucha importancia a los incendios y, finalmente, están los multiculturalistas, para los que el problema radica en el laicismo e igualitarismo republicano, que no deja que las niñas musulmanas lleven velo a la escuela y que quiere que todos los que viven en Francia se rijan por la misma constitución.

Francia lleva tiempo con problemas. Y se molesta en hacerlo saber. Hace tres años el candidato presidencial de la extrema derecha obtuvo más votos que el del Partido Socialista en la primera vuelta de las elecciones. Hace unos meses los ciudadanos dijeron no a la Constitución europea. Ahora son los incendios nocturnos.

El presidente de la República, Jacques Chirac, siempre ha dicho que escucha los mensajes, lo dijo cuando fue elegido con los votos de la izquierda y lo volvió a decir cuando los franceses convirtieron todos los ejemplares de la Constitución europea en papel reciclable. No se sabe cuál es el alcance político de esas audiciones. Por lo pronto, en un país donde los símbolos son importantes, su primer ministro ha echado mano de una normativa colonial de 1955 para hacer frente a los disturbios.

Pero no es fácil que se les ocurra algo mejor. ¿Qué se les puede ofrecer a unos rebeldes que no piden nada? ¿Cómo dialogar con quienes no están organizados? Algunos bien pensantes aconsejan hablar con los líderes de las comunidades. Parecer ser que en los barrios no hay mucha vida comunitaria, y menos aún líderes. Antes, cuando existía una Guerra Fría, el Partido Comunista Francés trabajaba en los barrios, captaba militantes, encuadraba a la gente y sus problemas con mejor o peor fortuna. Eso es el pasado.

Los políticos de hoy en día están en otras guerras. El primer ministro y el de Interior están compitiendo por la candidatura a la presidencia. El presidente, por su parte, se ha equivocado siempre, menos en conseguir mantenerse como presidente. A los socialistas les pilla en mal momento, están de congreso. Su reacción al anuncio del primer ministro de la aplicación de la ley de 1955 para restablecer el orden republicano fue pedir que complementara la medida con un mensaje de esperanza, comprensión y confianza (ver http://www.parti-socialiste.fr/).