Carlos González

'La auditoría no está diseñada para detectar fraudes'

Recién reelegido para el cargo por cuatro años, este gallego ha desarrollado toda su carrera profesional en Andersen y, tras la fusión en Deloitte, se plantea el reto de potenciar nuevas áreas complementarias a la auditoría

Hace casi un año Deloitte daba por cerrado el período de fusión con Andersen con la salida de Miguel Zorita, junto a quien Carlos González pilotó el proceso de unificación. En mayo Carlos González, que ha desarrollado toda su carrera profesional en Andersen y ahora en Deloitte, fue reelegido por los socios como presidente por otros cuatro años más. La prioridad de su agenda de trabajo es 'restablecer por completo' el modelo de firma multidisciplinar que, como en otras auditoras, quedó bastante afectado por las separaciones de negocios producidas en 2002.

Durante un tiempo decidieron concentrarse en el negocio de la auditoría. Ahora vuelven a desarrollar más otras áreas como la consultoría, ¿cómo explica este viaje de ida y vuelta?

Forma parte de un proceso de aprendizaje. Durante una época se produjeron ciertas incompatibilidades, sobre todo porque la consultoría era grande e incorporaba auditoría de sistemas. Lo que hemos aprendido en este tiempo es que somos capaces de desarrollar una buena parte de nuestras tareas multidisciplinares al margen de nuestros clientes de auditoría. El modelo multidisciplinar enriquece a la firma y nos ayuda a conocer más al cliente y por lo tanto, a tener más seguridad en la auditoría.

'Queremos volver al modelo de firma multidisciplinar, que enriquece y ayuda a conocer más al cliente y, por tanto, a tener más seguridad en la auditoría'

'Con sólo cuatro firmas grandes a veces resulta difícil aceptar un trabajo porque surgen incompatibilidades. Pero, en general, el mercado se ha adaptado bien a la situación'

Pero la auditoría sigue siendo el punto fuerte de Deloitte, ¿qué peso tiene en el negocio?

Alrededor del 60%. La auditoría estatutaria es una parte importante, pero no tanto como todos aquellos trabajos que los auditores hacen, por ejemplo, el negocio de transacciones, de compra venta de empresas en los que se hacen las famosas due diligences. Son asuntos que requieren gran cantidad de trabajo. Es el conjunto de esas actividades de auditoría lo que alcanza el 60%.

¿Qué otros planes tiene al margen de incidir en la multidisciplinariedad?

Desarrollar más la marca Deloitte, que hace unos años era menos conocida que por ejemplo Arthur Andersen, porque se dedicaba quizá más a empresas de tamaño menor y sobre todo, a filiales de empresas internacionales. Queremos conseguir que España conozca la marca Deloitte con todo el contenido que posee actualmente. Los reguladores, como la CNMV, el Banco de España, el ICAC o los propios empresarios, ya saben cómo somos y cómo actuamos. Pero hay otros campos como la Universidad o la sociedad en general donde la imagen del auditor quedó dañada por los escándalos que, mediáticamente, fueron muy graves respecto a la profesión de la auditoría. Y ahí el trabajo es más lento.

¿Es difícil reforzar el nombre de la auditora en un contexto en el que los profesionales se han visto envueltos en escándalos empresariales?

Había que dar la cara. Los desastres en EE UU que tanto han afectado a escala mundial nunca han condicionado la imagen que tenemos en España, por lo menos ante los reguladores y los sectores que nos conocen bien. En España nos hemos rearmado moralmente.

¿Cree que el mercado entiende bien la actividad del auditor?

No. No se entiende que una auditoría correcta, bien auditada, no es garantía de buen negocio. Pero se va entendiendo más.

¿Cuál es entonces el papel real del auditor?

El alcance de nuestro trabajo es dar seguridad razonable de que no hay graves problemas de presentación de las cuentas, de activos, pasivos, etc. Sin embargo, la actividad del auditor no está diseñada para detectar fraudes. æpermil;ste sería un trabajo completamente distinto, con una metodología diferente y con otros costes. De todos modos, todos los fraudes que se conocen en el desarrollo de nuestro trabajo son puestos inmediatamente en conocimiento del comité de auditoría. De hecho, sí detectamos fraudes, pero la auditoría no está diseñada para eso.

¿La decisión del Supremo de EE UU al asegurar que no había pruebas de la culpabilidad de Andersen ha sido una victoria moral para ustedes?

Sí, ha sido una satisfacción moral, pero no suficiente. Siempre creímos que eso tenía que haberse dimensionado razonablemente. Pero no hacer desaparecer una de las cinco grandes. Que se llevasen las cosas hasta ese extremo nos pareció un profundo error y una injusticia. Pero el aprendizaje es gigantesco, y ahora predomina en el mercado la sensación de haber cometido un gran error, casi una estupidez.

¿Piensa que lo sucedido con Andersen y el hecho de que ahora haya sólo cuatro grandes auditoras las convierte en intocables?

No. Sí se les está tocando y mucho. Los acuerdos extrajudiciales que se han producido en EE UU para resolver situaciones de conflicto siguen siendo muy costosos y lo mismo puede suceder, y sucede, en otros países. Esperemos que siempre se mantenga el sentido común de limitar las sanciones económicas hasta el punto que se pueda realmente afrontar. Si no, se acaba por no afrontar ninguna y simplemente desaparecer.

¿Cómo se vive en un mundo con sólo cuatro grandes firmas?

A veces resulta difícil aceptar un trabajo, porque se producen incompatibilidades. Pero el que haya cuatro, si el conjunto de ellas es suficientemente grande para atender a los mercados, es viable. Otra cosa distinta es que fuéramos a tres, o cualquier sinrazón de ese nivel. Yo creo que nos hemos adaptado. Además, hay otras firmas muy necesarias porque las grandes tendemos a situarnos en la parte más alta del mercado, pero la auditoría es obligatoria para muchas empresas pequeñas.

TARIFAS. 'El riesgo es mayor y el precio sube'

¿La nueva ola de buen gobierno ha influido en los honorarios?

El riesgo de hacer una auditoría se ha elevado. La interlocución con el comité de auditoría ha añadido costes. El proceso es en general más gravoso y se tarda más en hacer una auditoría que antes y hay que poner más equipo, más horas. Por eso, en general los honorarios están mejorando. No creo que los empresarios, en términos generales, consideren caros los servicios de auditoría, porque está en relación con el servicio que reciben.

Ustedes perdieron la auditoría de Telefónica, que explicó que cambiaba de auditor por motivos de buen gobierno ¿qué opinan de este movimiento?

Somos profesionales. Nos gusta competir en calidad y por tanto, no nos gusta el cambio por el cambio. Sin embargo, nuestros clientes son soberanos y los comités de auditoría toman la decisión que consideran pertinente. Pero no creo que el cambio tenga que ver con el buen gobierno. De hecho, en algunos países existen procesos muy concienzudos para investigar por qué una empresa cambia al auditor.

Después del incendio de febrero en el que perdieron su sede se instalaron en Torre Picasso ¿Cómo han hecho para conseguir todo el espacio que necesitaban e instalar ahí la nueva sede?

Vimos que, con mucha paciencia y aguante, podíamos tener sitio. Nuestra gente tuvo que soportar muchas más incomodidades que si hubiéramos decidido adaptarlos y dividirnos o alejarnos de la zona financiera del centro de Madrid. Hemos vivido de una manera muy dura hasta que por fin fuimos pudiendo ubicarnos progresivamente.

Qué se le pasó por la cabeza cuando le dijeron que el Windsor se estaba quemando?

Estaba cenando con mi esposa y tres matrimonios y hubo tres segundos de broma, pero luego vi que era cierto. Pensé que tenía que ser un incendio parcial. Me preocupó, pero bajo ningún concepto, ni siquiera cuando llegué a la Castellana y vi el edificio pensé que fuera tanto. Luego en la noche, lo asumí y preparé el día siguiente, que fue muy complicado.