TRIBUNA

¿Y a la cuarta va la vencida?

La tercera no fue posible, veremos a ver qué pasa con la cuarta. La primera operación de concentración, tras la aprobación de la Ley del Sector Eléctrico en 1997, fue la opa de Fenosa sobre Hidrocantábrico, que se rechazó por el informe contrario del Tribunal de Defensa de la Competencia. Decían, con un razonamiento sencillo y simple, que se perdía a un competidor en el mercado. La fusión de Endesa e Iberdrola se abortó por los Consejos de las compañías al conocer las condiciones impuestas por el Gobierno tras los informes de Competencia y de la Comisión Nacional de Energía (CNE). Recomendaban, en principio, no aprobar la operación, pero no rechazaban que se autorizara bajo ciertas condiciones, sobre todo, de desinversión de activos. El análisis ya no era tan simple. La tercera operación, la opa de Gas Natural sobre Iberdrola, no fue autorizada por la CNE considerando los 'riesgos significativos y efectos negativos' que suponía para las actividades reguladas de las compañías implicadas. Mediante un razonamiento complejo concluían que, respecto al plan de inversiones en las redes de distribución de gas y electricidad, no se garantizaba suficientemente el cumplimiento de las garantías que hubieran permitido autorizar la operación.

En estos días Gas Natural acaba de anunciar un cuarto intento: una opa, no amistosa, sobre Endesa. Y anticipa, ya desde el principio, un amplio programa de desinversiones en gas y electricidad. ¿Será un nuevo intento fallido? Veremos. Al no ser amistosa su proceso será difícil y, sin duda, deberá transitar por la senda de mayor complejidad en la definición de condiciones, requisitos y garantías de cumplimiento que han definido las operaciones anteriores.

Ciertamente, en términos de competencia, y haciendo una primera aproximación general, podemos acabar mejor de lo que estamos (lo que, dicho sea de paso, no es muy difícil).

En electricidad podemos acceder a un mercado con tres agentes dominantes de similar potencial económico y en gas a un mercado de dos. Hoy contamos con dos operadores de electricidad (Iberdrola y Endesa), con aproximadamente un 80% de cuota, y en gas con uno sólo (Gas Natural) que tiene el 50% del mercado libre y el 80% del mercado a tarifa.

Con las condiciones adecuadas, que sin duda serán complejas, en electricidad podrían quedar tres operadores equivalentes rivalizando en los mercados mayoristas y minoristas y dos en gas natural. Además deberían encontrar una vida más fácil todas las empresas de tamaño mediano y pequeño que configuran el entramado, quienes aportan, como en cualquier mercado, contestabilidad y disciplina a los grandes operadores. Que la situación final resulte mejor que la actual, en términos de competencia, depende de las condiciones de desinversión.

Sólo en casos de manifiesto perjuicio para consumidores o de evidencia en la posible formación de coaliciones para elevar los precios o para reducir la calidad de los productos, según el último informe de competencia de la Comisión Europea, deben rechazarse, sin más, las fusiones o adquisiciones de empresas. En los demás casos parece que, según la doctrina de los órganos de competencia de la Administración española, y los de la Comisión Europea, se irá por la vía de definir las condiciones que mejoren la rivalidad de los mercados.

En cuanto a la regulación sectorial, la resolución de la CNE contenida en la opa de Gas Natural sobre Iberdrola (incluidos los votos particulares de la misma) puede perfeccionarse ahora allí donde se quedó plantada: en cómo garantizar el cumplimiento de las condiciones a las que se sujetaba la autorización. Difícilmente es previsible volver a quedarse en el mismo punto. La garantía en el cumplimiento de las condiciones no debería ser un obstáculo insalvable, siempre que las condiciones se pongan como eso: condiciones para ser cumplidas y como tales se admitan y garanticen.

Además, dada la actual coyuntura, esta operación puede ser una oportunidad para eliminar incertidumbres regulatorias y solucionar, al menos en parte, los problemas mas urgentes que apuntaba el Libro Blanco para el sector eléctrico (y de paso también alguno que otro del de gas natural). De todas maneras el camino no va a ser fácil. Persisten incertidumbres. Tras las autorizaciones condicionadas o denegaciones de la CNE y Defensa de la Competencia, pueden aparecer las contraopas, y las contraopas de las contraopas.

Algunos accionistas pueden estar de acuerdo, algunos no, unos analistas podemos ver ciertas ventajas, otros los inconvenientes; la polémica durante los próximos meses está servida. Pero es a los órganos de regulación y competencia y, en última instancia, al Gobierno, a quien corresponde un análisis pausado y un diseño de condiciones que garanticen los objetivos de competencia, seguridad de suministro y sostenibilidad de las fuentes de energía (en definitiva, de interés general) para unos mercados peculiares y dinámicos que demandan acceder ya a la tranquilidad de conocer el cambio probable. Aunque sea complejo.