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Los coches compartidos se abren paso en las ciudades europeas

El alquiler por horas, alternativa al automóvil privado y vía para disminuir los atascos y la polución.

Los cuatro Opel Corsa aparcados en la céntrica plaza Fontainas de Bruselas valen por 20. Quizá, incluso, por 40. Pertenecen a la empresa Cambio, como delata una discreta pegatina en la parte exterior del maletero y una ficha amarilla en el salpicadero. A diferencia del resto de vehículos del aparcamiento, en los que propietario y conductor suelen coincidir, en este caso los vehículos están disponibles las 24 horas del día para todos los clientes de una compañía cuyo lema es 'coches a la carta'.

Bruselas figura entre las ciudades europeas que han apostado por el intercambio de coches como fórmula para reducir el número de vehículos sin mermar la movilidad de sus habitantes. Al contrario. El servicio de coche compartido, según las conclusiones del programa europeo Moses (Servicios de Movilidad para Sostenibilidad Urbana, en sus siglas en inglés) que impulsa desde 2001 su desarrollo, aumenta la fluidez del tráfico y reduce el espacio dedicado a aparcamientos. En el caso de Bruselas, la colaboración entre Cambio y las empresas de transporte público ha buscado maximizar los beneficios integrando los numerosos aparcamientos de coches compartidos con la red de metro, tranvía y autobuses.

El resultado, según los promotores de Moses, es mayor calidad de vida para los ciudadanos y un sistema de transporte menos dañino para el medio ambiente. Se calcula que cada uno de estos vehículos reemplaza en las vías públicas entre cinco y 10 automóviles privados.

Aunque las cifras de negocio de este tipo de empresas todavía no son elevadas, el potencial de crecimiento señala a varios millones de clientes en el conjunto de la Unión Europea. El sector ya tiene bien definido el filón que intenta explotar con creciente éxito: urbanita, de entre 25 y 45 años de edad, usuario habitual del transporte público y conductor con menos de 10.000 kilómetros anuales al volante. La experiencia de los ayuntamientos involucrados en el proyecto Moses (Bremen, Estocolmo, Londres o Turín, entre otros) muestra que con ese perfil casi siempre compensa renunciar al vehículo en propiedad y abonarse a una empresa de coches compartidos.

'Es como un taxi, pero personal', señala Bart Hulsbosch, un cliente de Cambio que se declara 'muy satisfecho' con el servicio. 'Por tres euros al mes tengo siempre un coche a mi disposición'. Hulsbosch opina que 'la subscripción se amortiza si el coche se utiliza una o dos veces por semana y, sobre todo, para desplazamientos urbanos o interurbanos de pocos kilómetros'.

La empresa belga cobra desde dos euros por hora de utilización (o 23 euros por día) y 0,35 céntimos por kilómetro recorrido, y la tarifa incluye el coste del combustible. El cliente se ahorra, además, todos los gastos asociados al mantenimiento del vehículo (seguro, recambios, revisiones, etcétera), incluida la plaza de garaje, que en las capitales europeas puede costar, según las conclusiones de Moses, entre 10.000 y 15.000 euros.

La experiencia de Moses entre 2001 y 2004 ha revelado que el parque automovilístico de las ciudades europeas podría reducirse en 500.000 unidades gracias a la fórmula del coche compartido. La iniciativa, sin embargo, no persigue acabar con el automóvil, sino racionalizar su uso. De hecho, una buena parte de los clientes del servicio son familias propietarias de un vehículo que prefieren compartir el segundo.