EDITORIAL

Primer resbalón de las radiales

Las autopistas de peaje que cubren cuatro de las entradas y salidas de Madrid, las ya famosas radiales, amenazan con convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para las empresas concesionarias. El número de vehículos que ruedan por ellas es, aproximadamente, la mitad de lo previsto por la mayoría. En cuanto a ingresos, suman unos 57 millones de euros desde el mes de abril del año pasado. Una cifra que contrasta con los 1.709 millones de inversión para el conjunto del proyecto.

No obstante, los fríos números no son los que han disparado la inquietud en las concesionarias. Todas son conscientes de que el negocio de las autopistas de peaje es a muy largo plazo y que los primeros pasos suelen ser muy complicados. Dos de las cuatro radiales tienen un periodo de explotación de 50 años, la R-2 de 24 años y la cuarta, la R-4, de 65.

Lo que realmente preocupa entre los promotores de las radiales es la tendencia y el mal cartel que se está creando en torno al proyecto. Las encuestas realizadas por las propias empresas dejan claro que los consumidores estiman que las radiales son prácticamente desconocidas, están mal señalizadas y su precio es excesivo. Además, tanto empresarios como analistas entienden que son demasiado cortas, lo cual acentúa los defectos que resaltan los usuarios.

Ante este panorama, las empresas han decidido emprender una doble vía: promoción para hacer más visible, clara y atractiva la oferta, y abrir una ronda de contactos con la Administración.

Es evidente que el desarrollo de las infraestructuras debe ir de la mano de la colaboración entre el sector público y el privado. Y que el proyecto de las radiales de Madrid es algo más que un examen para el sistema. La primera evaluación se está saldando con un suspenso. Pero aún hay tiempo de recuperar. Para ello es vital que las empresas revisen sus estrategias y que la Administración estudie con detenimiento las propuestas de las concesionarias, algunas de las cuales son de una lógica aplastante.