TRIBUNA

Arquitectura abierta de fondos

La amplia oferta de fondos de inversión en España choca con una demanda potencial que desconoce aún cómo sacar todo el provecho de estos productos, según el autor, que se suma al Debate Abierto en Cinco Días sobre el futuro de la inversión colectiva en España

España tiene mucho a favor para situarse entre los países más avanzados en lo que al desarrollo de la inversión colectiva se refiere. En primer lugar, la eliminación del peaje fiscal en el cambio de fondo aumentará exponencialmente la eficiencia del mercado. Las entidades financieras ya no podrán mantener partícipes cautivos con la ayuda del fisco. Ciertamente, gracias a los fondos garantizados, bancos y cajas han encontrado la fórmula de modificar el estatus de cautivo fiscal por el de cautivo contractual, pero esa unión va a durar lo que dure el vencimiento del garantizado en cuestión. Cada día es mayor el número de inversores que, cuando se dan cuenta de que a cambio de su cautividad lo que han conseguido es una rentabilidad muy baja, se lo piensan dos veces antes de renovar.

La eliminación del peaje fiscal ha puesto las bases para un cambio muy profundo en el sector que nos llevará al 'busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo'. Por su parte, el Gobierno también está colaborando en el desarrollo y mejora del sector. El nuevo reglamento de instituciones de inversión colectiva supone un paso más para que nuestro país tenga un altísimo nivel de oferta de productos.

La optimización de una cartera pasa por poder incluir en la misma los mejores fondos para el activo, país o sector en el que se quiera invertir

Pero en España el problema no está en la oferta de productos. Aquí tenemos de todo y vamos a tener todavía más. El problema está en el desequilibrio que existe entre una magnífica oferta y una demanda potencial que todavía no sabe hasta dónde puede llegar porque no cuenta con el asesoramiento adecuado para hacerlo con plena confianza. Dicho de otra manera, el inversor no sabe cómo sacar provecho a la llamada arquitectura abierta, y la arquitectura abierta es el futuro del sector.

Por arquitectura abierta se entiende la posibilidad de invertir eligiendo fondos entre todos los disponibles en el mercado, y no limitándose a los de una sola entidad. Ninguna es la mejor en todo. En consecuencia, la optimización de una cartera de fondos pasa por poder incluir en la misma los mejores fondos para el activo, país o sector en el que se quiera invertir. El proceso de entrada de los inversores en la arquitectura abierta es inevitable porque está en la naturaleza misma de cualquier consumidor, y un inversor/ahorrador es un consumidor de productos financieros.

Será un proceso lento porque la arquitectura abierta se enfrenta a muchos obstáculos. En este caso, el mayor está en la propia estructura de ingresos de la mayoría de las entidades financieras. La venta de productos propios, especialmente fondos de inversión, es una de sus más importantes fuentes de ingresos. Vender fondos de terceros, aunque sean mejores, es menos rentable que vender los de la casa. Hay entidades que venden productos de terceros, pero siempre con una actitud defensiva y limitada a unos cuantos acuerdos puramente comerciales con otras entidades. Y, aunque para determinados bancos y cajas la arquitectura abierta sería más la solución que el problema en un entorno de máxima competencia, no parece que vayan a ser las impulsoras del cambio. Salvo notables excepciones, no suelen valorar la importancia del asesoramiento y siguen obsesionadas con la pura venta. No, los impulsores del cambio van a ser los propios consumidores-inversores y, en paralelo, el desarrollo natural de un nuevo esquema de distribución.

No sirve de nada poner en una estantería 4.000 fondos de inversión si no se cuenta con un buen asesoramiento. Los fondos de inversión son productos complejos y su selección requiere asesoramiento especializado. Pero ese asesoramiento, para ser objetivo, tiene que venir de una entidad que, libre del polvo y la paja que supone tener que colocar sus productos, recomiende el que de verdad interese a cada inversor en cada momento de mercado. En el futuro pasaremos de la entidad que gestiona, vende y asesora a un esquema nuevo en el que se dividirán los papeles. La entidad gestora creará productos y competirá para que sean los mejores. Las empresas especializadas en asesoramiento ayudarán al inversor a elegir entre toda la oferta del mercado. Finalmente, una entidad financiera y/o de servicios de inversión (que puede coincidir o no con la empresa asesora) se ocupará de todas las operaciones de suscripción, traspaso y reembolso de participaciones. Este esquema, que ya funciona a pequeña escala en España, es el germen de una transformación que regenerará y potenciará el sector de la inversión colectiva en nuestro país y cuyo beneficiario último será el que tiene que serlo en una economía de mercado: el consumidor.