Carlos Calero

'Un ejecutivo no puede aferrarse a la silla'

Dice que ser ejecutivo en una empresa familiar es duro. Lo sabe por experiencia. Carlos Calero, zaragozano de 41 años, dirige el grupo hotelero Vincci y pasa parte de sus jornadas laborales viajando a distintos puntos del mundo. El último viaje le ha llevado a Nueva York, donde la compañía gestionará un hotel. La trayectoria de Calero, técnico en Empresas y Actividades Turísticas, se ha desarrollado prácticamente en Tryp Hoteles, donde forjó su carrera en departamentos como administración, recursos humanos y explotación. También conoce el sector desde abajo, ya que compaginó sus estudios con prácticas en la recepción de distintos hoteles. En 2001, junto a su familia y un grupo de directivos de Tryp, fundó Vincci, con establecimientos repartidos por España, Portugal y Túnez. Cuenta con más de un millar de profesionales y una facturación en 2004 de 53 millones de euros. La previsión para este año es facturar 70 millones.

Pregunta ¿La base del éxito está en el crecimiento?

Respuesta Está en el trabajo. Tenemos la suerte de que el nombre de mi padre, Rufino Calero, abre muchas puertas en el sector hotelero porque tiene una trayectoria de 50 años. Tenemos un 80% de pedigrí, ya que la mayor parte del equipo directivo llevaba 16 trabajando en Tryp. La experiencia es importante y eso es parte del crecimiento rápido. Damos mucha importancia a la calidad del servicio, a la ubicación y a la decoración del hotel. Seguro que fallamos, no somos perfectos al cien por cien, pero intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Quién fideliza a los clientes es el personal del hotel porque son los que más trato tienen con ellos. Nosotros en estos momentos somos una empresa atractiva.

P ¿Por qué lo cree?

R Porque, de momento, somos una compañía pequeña y en crecimiento, lo que supone una gran oportunidad para la gente que quiera promocionarse. Impartimos mucha formación y si conoces la filosofía de la empresa desde abajo puedes encajar mejor.

P Los cuatro hermanos tienen muy repartidas sus funciones, ¿por qué confiaron en usted para que llevara las riendas de la compañía?

R Todos aportamos. Mi hermana Teresa es la interiorista, Miguel se ocupa de la zona Norte y Rafael del Sur. Nosotros nos reunimos e intercambiamos opiniones. Creo que vieron en mi consenso. Llevo trabajando con mi padre desde los 19 años, y aunque las empresas familiares son complicadas, todos sabemos que tenemos que aportar cosas. No se puede imponer el criterio a nadie. Yo quiero que esta empresa sea un equipo y que todos, ejecutivos y empleados, se sientan involucrados. Creo que este debe ser mi principal papel.

P ¿Cómo consigue que participen los empleados en la gestión?

R Con pequeños detalles. Por ejemplo, para elegir el nombre de un hotel lo sometemos a concurso entre todos los empleados. El ganador conseguirá una semana de vacaciones en alguno de nuestros hoteles gratis. El objetivo es que jueguen, que sientan la camiseta, que estén a gusto en la empresa en la que trabajan.

P Muchas empresas familiares no sobreviven a la segunda generación.

R Eso dicen, pero hay que sentar la base y crear la estructura necesaria para que las compañías lleguen a la tercera o cuarta generación. Formamos parte del Instituto de la Empresa Familiar, una institución que nos aporta muchas ideas diferentes. Hay que preparar a la compañía para la profesionalización. Y, aunque trabajes en una empresa familiar, sino tienes valía profesional no debes ocupar un puesto. Tienes que demostrar que vales.

P ¿Cómo se evitan las rencillas entre hermanos?

R Con profesionalidad. No por ser el mayor tienes que liderar nada. Tienes que ocupar el puesto para el que estás capacitado. Un directivo no debe aferrarse nunca a la silla, eso es lo que lleva a las empresas al fracaso.

'La retirada no la debe marcar la edad, sino las ganas de hacer cosas'

Trabaja al lado de su padre, Rufino Calero, que pasó prácticamente toda su trayectoria laboral en el grupo hotelero Tryp. Con 67 años, el progenitor ocupa el cargo de presidente en Vincci Hoteles. A pesar de que ya ha sobrepasado la clásica edad de jubilación, en la empresa le consideran un activo. 'No queremos que se vaya porque aporta la experiencia, que no tenemos otros y está muy pendiente de todos los temas. Intentamos combinar experiencia y nuevas tecnologías', afirma Calero. También señala que el padre aporta consenso a la compañía.

'La retirada no la debe marcar la edad, sino las ganas de hacer cosas. Es un error que un presidente esté en una empresa hasta sus últimas consecuencias, porque muchas veces no aporta nada'. Asegura que no es el caso. 'Aunque no estés muchas veces de acuerdo con él, aporta concordia y al final le debes un respeto'. Advierte que esa consideración no se la tiene porque sea el cabeza de familia sino por su aportación al negocio familiar.