Aniversario

25 años de Estatuto de los Trabajadores

El Estatuto de los Trabajadores, la norma que ha servido de marco de referencia para regir las relaciones laborales en España desde finales de la transición, acaba de cumplir 25 años. Con este motivo, Cinco Días ha convocado a reconocidos expertos del mercado laboral para hacer balance sobre el funcionamiento de esta normativa y analizar los cambios que consideran necesarios para futuro.

Al analizar los problemas actuales del mercado de trabajo, los expertos coinciden en que existe una excesiva tasa de temporalidad que repercute en la baja productividad y daña la competitividad de la economía. En su opinión, el elevado coste del despido lleva a los empresarios a favorecer la contratación temporal. Sin embargo, están convencidos de que abaratar el despido no sería suficiente para reducir el abuso de los contratos temporales. Además hace falta una reforma global del mercado, que puede impulsarse retocando el Estatuto.

¿Cómo reducir, pues, la temporalidad? Según Juan Antonio Sagardoy, fundador del bufete Sagardoy Abogados, catedrático de Derecho del Trabajo y redactor del Estatuto, 'es impensable que vaya a terminar la temporalidad porque se prohiba algo en lo que coinciden los cuatro expertos. Habrá la temporalidad que sea necesaria. Lo que hay que hacer es limitarla y buscar una causa profunda de este abuso, y aquí llegamos al viejo tema del coste del despido. En España, tener fijos el mal negocio, hasta el punto de llegar a esa aberración de pensar que una empresa tiene más valor a la hora de venderla cuando tiene muchos empleados nómadas'.

El asesor de CEOE y presidente de Analistas de Relaciones Industriales, Fabián Márquez, tiene también claro que el elevado coste del despido es una de las principales causas de la temporalidad. En su opinión, los encargados de negociar los cambios en la normativa laboral deberán tener en cuenta las 'pistas de la reforma de 1997', en la que 'triunfó el contrato estable con un despido más barato (33 días), lo que significa que pese a la cerrazón sindical, no romperemos la cultura de la temporalidad si no reducimos el despido'.

Así dicho, acabar con esta lacra del mercado de trabajo parecería fácil. Sin embargo, el catedrático de Derecho del Trabajo, Federico Durán, ex presidente del CES y miembro de Garrigues, da con una clave con la que coinciden los otros tres expertos: '¿está relacionada la temporalidad con el coste del despido? La respuesta es sí. Pero, ¿se trata de un binomio que pueda funcionar aisladamente: rebajando el coste del despido se reduce la temporalidad? La respuesta es que no'.

El ex secretario general de Empleo e Inspector de Trabajo, Marcos Peña, que fue quien pilotó en 1994 la reforma del Estatuto de los Trabajadores más importante hasta la fecha, cree que 'España tiene un problema grave de competitividad' y es el más optimista en cuanto a la posibilidad de que cambios legales del Estatuto, 'puedan ayudar a resolverlo'. Si bien cree que 'no cabe una reforma aislada, por brillante que sea, que pueda atajar la temporalidad'.

En su opinión 'los poderes públicos liderados por el Ministerio de Economía, junto a empresarios y sindicatos, deben hacer una estrategia global' para atraer inversiones y crear empleo, 'similar a las estrategias de Andalucía o Cataluña, que apuestan por el factor humano'. Todos ellos apuntan también como una posible reforma, 'ir hacia una gestión más profesionalizada de la temporalidad' a través de las empresas de trabajo temporal (ETT), aseguran Durán y Peña.

Si bien en la conversación surgieron otras soluciones relacionadas con el despido y los modelos de contratación. El catedrático Sagardoy plantea la creación de un 'contrato estable a término que dure seis, ocho o diez años, lo que necesite la empresa, y a quien diga que esto es una perversión de la temporalidad que pregunte a la gente si prefiere un contrato de dos meses o uno de seis años'.

Recuerdan también que, en la práctica, los jueces deberían hacer una distinción más clara (que ya hace el Estatuto de los Trabajadores) entre despido disciplinario (protegido con 45 días por año y 42 mensualidades) y el objetivo (20 días por año y 12 mensualidades).

'La mayor lacra que tiene la normativa legal en el Estatuto de los Trabajadores es que se estén resolviendo despidos objetivos por razones económicas como improcedentes', asegura Fabián Márquez. Sagardoy duda sobre si debería desaparecer la autorización administrativa en los despidos objetivos, pero sí cree que la indemnización de los improcedentes es 'muy alta y muy rígida' y que debería 'modularse, de forma que los jueces u otros mecanismos que tuviéramos que inventar, fijaran una indemnización que no fuera fija y automática'. Es decir, una 'horquilla' de indemnización que se determinaría según las circunstancias de cada despido.

Federico Durán 'El franquismo dejó algunas minas sociales'

En el mundo empresarial hay una búsqueda continua de fórmulas organizativas para eludir la aplicación de las consecuencias de la ley vigente. 'Nos ponemos una venda ante los ojos para no ver que la normativa laboral mira al pasado y no hacia el futuro'. Esto es lo que opina el catedrático de Derecho Laboral y socio de Garrigues, Federico Durán, para quien la 'rigidez' y el 'intervencionismo' de esta norma es la responsable 'de los altos niveles de temporalidad y de la subcontratación', entre otras lacras del mercado laboral.

Según dijo, 'el franquismo consiguió dejar plantadas una serie de minas sociales y algunas están en el Estatuto'. Esto no quiere decir que esta norma no haya servido para transitar de un régimen a otro, explicó Durán, 'pero no con un resultado positivo, no podemos estar orgullosos de como se ha hecho', añadió.

Una de estas 'minas sociales' del Estatuto es para Durán la configuración y el peso de los convenios colectivos. 'A nivel general hay una satisfacción global con el sistema de negociación colectiva pero si se va empresa por empresa, muchas sienten el convenio como una herramienta que atenaza el desarrollo empresarial y es un instrumento de destrucción de empleo', asegura.

'También hay que cambiar la mentalidad de que lo que se pone en un convenio colectivo es para siempre y en eso tendría que haber un cambio con pacto o sin pacto'.

Marcos Peña 'Los fallos del mercado no son por el Derecho'

El mercado de trabajo español tiene tres grandes problemas, según el ex secretario general de Empleo, Marcos Peña: 'su dimensión, porque es pequeño; la segmentación, que perjudica a los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes y la falta de formación'.

Pero según Peña, que es el mayor defensor del Estatuto de entre los expertos consultados -no en vano fue el autor de la mayor reforma que experimentó esta norma en 1994-, estos fallos 'no son consecuencia del derecho, aunque soy partidario de que lo que moleste habrá que modificarlo. Pero tampoco creo en el espejismo jurídico que dice que modificada la norma, modificada la realidad'. Es más, citando a Karl Marx, recordó que 'la riqueza de las naciones no se consolida en el BOE', otra manera de decir que el cambio de la ley no garantiza la mejora de la realidad.

En ese sentido se mostró algo escéptico respecto a la futura reforma laboral. No cree que ningún cambio del Estatuto de los Trabajadores referente a esta u otras materias vaya a mejorar el mercado. Más bien cree que se deben atajar los problemas existentes con la formación y 'apostar por el factor humano como factor estratégico'. Como inspector de trabajo ha visitado más de 3.000 empresas y asegura que 'ninguna policía puede controlar el fraude en un mercado con más de 16 millones de contratos al año'. 'Hay 150 representantes sindicales por cada inspector y tampoco ellos lo han conseguido'.

Juan Antonio Sagardoy 'Las reformas laborales son diarias y silenciosas'

'Yo soy de los que creen que las reformas laborales que propagan los gobiernos cuando llegan al poder están muy bien, pero las reformas laborales de verdad son diarias y silenciosas. Esa reforma del Estatuto que es necesaria, debe crear un mínimo estándar y dejemos a las partes'. Así opina Juan Antonio Sagardoy, con conocimiento de causa, porque desde su bufete, uno de los más importantes de España especializado en Derecho Laboral, asesora a diario a numerosas empresas.

Es partidario de hacer las reformas necesarias del Estatuto pero también manifiesta su asombro 'porque la propia ley da muchas oportunidades que no se aprovechan' y pone el ejemplo de la 'rigidez profesional'. Según explica, desde la reforma del Estatuto de 1994 ('que fue la única importante, las demás han sido reformistas', asegura), existe la polivalencia profesional, que permite a un mismo trabajador desempeñar distintas funciones, pero 'no conozco a muchos empresarios que la utilicen'. Asimismo, indica que la ley permite incluir cláusulas de rescisión de los contratos, siempre que no supongan un abuso de derecho por parte del empresario, 'y absolutamente nadie las emplea', señala.

Dicho todo esto, Sagardoy cree que no va a haber una reforma en profundidad ni del Estatuto ni del mercado laboral, 'porque si se deja sólo en manos de las partes implicadas, por una ley natural, nadie se hace la autocirugía'.

Fabián Márquez 'Los jueces no creen a los empresarios'

Aunque cree que 'la bondad del Estatuto de los Trabajadores es que ha sufrido muchas modificaciones a lo largo de la historia', el asesor de CEOE y presidente de Analistas de Relaciones Industriales, Fabián Márquez, admite que hay aspectos como el coste del despido por causas objetivas que pueden estar bien recogidos en la norma pero luego 'chocamos con la interpretación judicial'.

Según explica, 'el Estatuto recoge una indemnización de 20 días por año por un despido que el empresario argumenta por causas económicas, pero luego hace falta que el juez se lo crea y no creen a los empresarios'. En ese caso, insiste en que 'el juez decide si las razones del empresario son o no adecuadas y su papel debe ser impartir justicia, no ser empresario'.

No obstante, Márquez asegura que la patronal CEOE 'tiene muy claro que el cambio del modelo productivo exige invertir en formación y eso a su vez requiere plantillas estables'. Pero añade: 'Para que nosotros convenzamos a nuestras propias bases de que rompan la cultura de la temporalidad tenemos que decirles que esa enorme diferencia entre los riesgos e incertidumbres de tener una plantilla fija o tenerla temporal han desaparecido o han quedado atenuados'.

A pesar de todo, defiende que los cambios deben respetar la 'técnica de la raya', como la reforma laboral de 1997, que no consiste en otra cosa que 'respetar los derechos adquiridos por los trabajadores'.