Marco laboral

'Adelgazar' la normativa para dar más autonomía al mercado

Tras 25 años de vida, los expertos coinciden en que el Estatuto de los Trabajadores requiere reformas. La opinión generalizada es que debería adelgazarse, de manera que contenga una regulación básica y dé más autonomía a empresarios, sindicatos y trabajadores. Se trataría, en el fondo, de avanzar en un proceso de reformas que ha sido constante.

'El Estatuto de los Trabajadores no nació para durar 25 años, pero ha durado tanto porque ha sufrido muchas modificaciones', asegura el asesor de CEOE, Fabián Márquez, quien añade que 'para que siga siendo una norma válida, debe sufrir todavía muchos cambios'.

Los cuatro expertos del mercado laboral convocados por Cinco Días para analizar los 25 años de vida de esta norma opinan lo mismo, aunque con matices.

Las empresas no han usado la flexibilidad que permite la norma

La mayoría -salvo el Catedrático de Derecho Laboral Federico Durán- hacen un balance bastante positivo de la regulación hecha por el Estatuto. Una norma que califican como 'mestiza' porque pretendía regular unas relaciones laborales que en aquella época (1980) estaban todavía a caballo entre el régimen corporativista del franquismo y el modelo abierto de la democracia.

Además es un texto 'posibilista, porque se hizo lo que se pudo', asegura el fundador de Sagardoy Abogados y redactor del Estatuto de los Trabajadores, Juan Antonio Sagardoy. 'Hubiera sido un error mayúsculo en aquel momento en el que todo estaba cogido con alfileres meternos en un tema tan importante como era la huelga y la sindicación', asegura Sagardoy, que entonces era asesor del Ministro de Trabajo de la UCD, Rafael Calvo Ortega.

La mayor defensa de los resultados de esta norma la encontramos en el ex secretario general de Empleo del PSOE, Marcos Peña, quien en 1994 hizo la reforma más ambiciosa del Estatuto hasta el momento, dotándolo de una flexibilidad que no ha sido aprovechada por los empresarios, según coinciden todos los expertos. 'El Estatuto fue un certificado de normalidad en nuestras relaciones laborales y las expectativas se cumplen y más allá de lo previsto. Yo no soy partidario de una reforma en profundidad', dice Marcos Peña.

Su opinión contrasta con la de Federico Durán, socio de Garrigues, quien cree que 'el Estatuto no fue una norma que intentara mirar hacia el futuro, sino que miraba al pasado. No se plantearon unas relaciones laborales democráticas, con una nueva realidad de la libertad de empresa'. De hecho, este experto considera que 'el modelo está agotado y no caben más reformas'. 'Hay que sustituirlo por otra norma', asevera Durán.

Sin alcanzar este extremo, Sagardoy y Márquez, también consideran que hacen falta cambios de peso en el Estatuto. Estos cambios deben orientarse a hacerlo 'menos intervencionista'.

Sin llegar a la ausencia de regulación, que todos rechazan enérgicamente, creen que esta norma debería establecer las reglas mínimas a través de las cuales se desarrolle una competencia y dejar el resto en manos de la autoridad colectiva de empresarios y sindicatos.

Menos intervencionismo

Es lo que Fabián Márquez denomina 'adelgazar' el Estatuto. Es decir, 'reducir el número de las intervenciones administrativas, el de materias dispuestas por la ley y confiar mucho más en la negociación colectiva'.

Sagardoy, que también es partidario de dotar de más autonomía al mercado, reclama además más autonomía individual. 'Hay terror a las relaciones individuales de trabajo y hoy los trabajadores están más educados y no hay que temer la autonomía individual entre en juego'. Dicho eso, precisa que 'no adelgacemos en el sentido de quitar protección', ya que hay cinco millones de trabajadores sin convenio colectivo. Es lo que él llama 'el páramo social', y cuyo único paraguas es el Estatuto.

20 erratas a punto de llegar al BOE

Los diputados del Congreso no se debieron leer muy atentamente el texto del Estatuto de los Trabajadores, hace 25 años, cuando lo debatieron en la Cámara Baja. Si se lo hubieran leído con atención se habrían dado cuenta de la existencia de '20 erratas importantes' que Juan Antonio Sagardoy introdujo de forma intencionada en la Exposición de Motivos 'para comprobar la diligencia de sus señorías', señala. Sin embargo todas y cada una de ellas aparecieron publicadas en el Boletín de las Cortes. No llegaron a salir en el BOE porque el Estatuto se publicó, curiosamente, sin Exposición de Motivos.