EDITORIAL

El BBVA salva el último escollo

El presidente del BBVA, Francisco González, está muy cerca de conseguir un triunfo definitivo en la opa sobre BNL. Hace dos semanas, el banco español salvó uno de los principales obstáculos de la operación al obtener el beneplácito del reticente gobernador del Banco de Italia, Antonio Fazio, para lanzar la oferta de compra. Fazio impuso, de manera incomprensible, la condición de que la oferta sea aceptada por más del 50% del capital. Pero este es un listón que el BBVA confía en superar sin dificultades.

Este sábado, la entidad superó el que parece ser el último y definitivo escollo: mantener el control en el consejo de BNL. El banco español logró ocho de los 15 consejeros, mientras que el llamado contrapacto tuvo que conformarse con seis puestos. Con esta composición en el órgano de gobierno, el BBVA puede volcarse plenamente en conseguir el objetivo final de la operación, que es convencer a los accionistas de BNL para que acepten su oferta de compra.

El banco piensa lanzar la opa nada más obtener, el 14 de junio, la aprobación de sus accionistas para ampliar capital en 6.400 millones de euros. Para llevar a buen puerto la operación, el BBVA vuelve a contar con la ayuda de las autoridades de Bruselas, que mantienen su presión sobre Fazio exigiéndole que renuncie al último requisito impuesto al banco español a menos que encuentre una justificación legal para ello.

Salvo sorpresas de última hora, Francisco González parece encaminado a sellar con éxito una operación que tiene mucho de apuesta personal y que reforzará la posición del banco y de sus directivos. Además, cimentará la posición de la banca española como pionera en la ruptura de las fronteras europeas, tras la reciente compra del británico Abbey por parte del SCH.

En juego está no sólo la estrategia empresarial del BBVA, sino la apertura del propio mercado financiero de la UE. De ahí que las autoridades de Bruselas hayan decidido poner todo de su parte para garantizar que el futuro de la operación viene determinado por el mercado, y no por el intervencionismo político.